- En época de lluvias, las corrientes de los cauces arrastran toneladas de basura que provocan más inundaciones.
Según datos de la Alcaldía unas 20 mil familias viven en el derecho de vía de los doce cauces de la capital, unas dos mil al borde de los mismos corriendo peligro con cada invierno
Jehú Hernández [email protected]
Las más de 2,000 familias que habitan en Managua a orillas de los cauces y zonas sensibles a las inundaciones, tienen diferentes orígenes, pero un común denominador: la carencia de un lugar seguro para vivir. Casitas de cartón techadas con plástico han sido “construidas” a orillas del cauce en las inmediaciones del colegio Benjamín Zeledón, en el cauce del barrio San Judas, en el barrio Grenada, en el Hialeah, en la pista El Dorado, entre otras.
En las proximidades del lago Xolotlán se alzan remedos de casas que albergan gran cantidad de niños, mujeres y ancianos en los barrios Acahualinca, El Rastro Viejo, Los Pescadores, Las Torres, Sector Norte de Unidad de Propósitos, Hugo Chávez, entre otros.
En muchos cauces se presenta una escena que se repite una y otra vez. Llantas viejas, botellas vacías, latas, pedazos de vehículos, cerros de basura y hasta animales muertos, que siempre tienen como personajes principales a niños que buscan entre la inmundicia algo que puedan cambiar por dinero, poniendo en riesgo su salud.
Pero los problemas que enfrentan estas familias no están relacionados únicamente con la salud, sino también con la posibilidad de perder la vida misma.
Y es que la proximidad de sus casitas con el borde de los cauces, los hace jugar una especie de ruleta rusa. Ya llevan dos disparos en falso: el huracán Juana y el Mitch, con lo que viene ¿quién sabe?
A LA BUENA DE DIOS
La vida de doña María Mejía Angulo transcurrió la mayor parte del tiempo en el municipio San Francisco Libre, hasta hace unos 15 años que vino a probar suerte en la ciudad junto a su familia. La dificultad que tuvieron para emplearse, los obligó a buscar un lugar donde vivir y establecerse de forma permanente.
El único lugar que encontraron fue a orillas de un cauce en el barrio Grenada, al norte del Hospital Roberto Calderón. Ahora, doña María lava y plancha ropa ajena para sobrevivir y aunque no niega que siente temor cada vez que las fuertes corrientes hacen bramar el cauce, asegura que “con la fe en el Señor no nos va a pasar nada”.
“En el tiempo del huracán Juana nos sacaron para un colegio, después cuando el Mitch nos volvieron a sacar y cuando regresamos, encontramos las cosas en su lugar, y el agua no había inundado nada. Esperemos en Dios que siempre sea así, que nunca nos pase nada”, expresó.
A mucha distancia de su casa, pero en condiciones similares, se encuentra la señora Angelita de Tercero, quien con casi 40 años de vivir a orillas del cauce que atraviesa el barrio San Judas, que no siempre fue tan grande, también deja su suerte en las manos de Dios.
Aunque aclaró que en alguna oportunidad funcionarios de la Alcaldía de Managua le ofrecieron traslado a un lugar seguro, ella les dijo que no basta con un pedazo de tierra lejos de un cauce, sino que por su avanzada edad y la imposibilidad de trabajar de su esposo, necesita también que le construyan una casa nueva.
CÍRCULO VICIOSO
Exactamente en el mismo lugar de donde salió una familia que fue trasladada a Nueva Vida después del huracán Mitch, se asentó una pareja que no tenía dónde vivir, ni dinero para seguir pagando alquiler.
Se trata de Miriam Gadea y Juan Suárez, quienes al no poder con la carga que representa alquilar una casa, se fueron a vivir a un predio ubicado a orillas del cauce que atraviesa Hialeah II Etapa.
Aunque doña Miriam dijo que le da mucho miedo vivir ahí, sobre todo por el peligro que representa para sus tres hijos pequeños, “qué le vamos a hacer si no tenemos adónde ir”.
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