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Las contribuciones teóricas que intentan explicar el carácter anacrónico de nuestra cultura política han sido recurrentes y muy acertadas. No obstante, quisiéramos establecer el marco conceptual que establece la relación causal entre, cultura política y prosperidad económica, para eso es necesario reconocer que, cultura política y desarrollo económico son conceptos inevitables de utilizar cuando se trata de explicar las relaciones complejas que definen las pautas fundamentales para alcanzar el bienestar económico de un país.
Cultura política y desarrollo económico son categorías que analíticamente se pueden separar, no obstante, a fin de reflexionar sobre las causas del atraso económico y los mecanismos de superación del mismo, es necesario trastocarlos en un contexto dialéctico en interconexión sistémica, como vasos comunicantes con abundante capilaridad de tal forma, que ambos pueden ser simultáneamente causa y efecto.
Emilio Álvarez Montalván en el libro “Cultura política nicaragüense” y Oscar René Vargas en el “Síndrome de Pedrarias” definen con claridad, qué valores son inherentes a nuestra cultura política y porqué estos valores se han producido y reproducido sobre una línea recta en un espacio horizontal con pendiente cero, lo que sugiere la recurrencia de estos valores a lo largo y ancho de nuestra historia, dando como producto la conformación de un sistema político que aparentemente se sustenta en el contrato social pero en esencia es viciado desde cualquier punto de vista.
Quizás la primera dimensión sujeta de análisis es la conformación de las instituciones políticas y el desarrollo del proceso de democratización y la segunda, está relacionada con la legitimidad de la gestión pública, este análisis nos propone una aproximación a la concomitancia entre la cultura política y el desarrollo económico, aún mejor entre la democracia y el mercado, insistimos en esto por que el andamiaje histórico ha demostrado que aquellos pueblos con una cultura política propensa a reproducir valores como, la transparencia, tolerancia política, respeto por la ley, calidad en el manejo de la administración pública y la conformación de instituciones políticas sólidas a partir de criterios apegados a la ley y el rechazo total a la violencia como mecanismo para acceder al poder, reducen los indicadores de riesgo para la inversión nacional y extranjera, esto por efecto crea las premisas para el crecimiento económico.
Con bastante frecuencia los especialistas en economía nos centramos en el análisis económico propiamente dicho, en tanto que el analista político se centra en los problemas de la democracia y la funcionalidad o disfuncionalidad de las instituciones políticas y los partidos políticos. La parcialidad de este análisis nos conduce inexorablemente a una separación mecánica de dos elementos que forman parte de un mismo sistema. Desde mi punto de vista el pensamiento económico libre de incidencias políticas e ideológicas no existe, de la misma forma que la política no está libre de incidencias económicas, de tal manera que la línea horizontal que separa a estas dimensiones del saber humano son imaginarias.
El sistema político en Nicaragua es de naturaleza corrupta, la corrupción es la condición necesaria y absoluta para su existencia y reproducción, sin la corrupción el sistema no existiría y sería otro sistema, a la clase política no le interesa el cambio, porque en esencia la corrupción les genera ingresos extraordinarios y el costo de oportunidad de estos ingresos es bajo. Es la corrupción uno de “los valores” más enraizados en nuestra cultura, con mucha frecuencia se escucha decir ¿ah es diputado? ¿ah es ministro? seguramente va a robar bastante, si lo conoces pégatele ¿ tal vez agarrás algo?, tales expresiones son naturales en nuestro folclor político, la corrupción es asumida como parte integrante de nuestro acervo cultural en otras palabras, tiene aceptación universal.
Sin duda la corrupción es la principal responsable de nuestro atraso económico, no sólo porque al utilizar dinero del erario público para lucro personal, se dejan de construir escuelas, hospitales, caminos de penetración para que el mercado funcione, sino porque los índices de corrupción aumentan el riesgo país, un indicador de la economía internacional que mide el grado de confianza del inversionista extranjero, si la corrupción es galopante la propensión a captar inversión nacional y extranjera va a ser baja.
Sería muy importante que los macroeconomistas midieran el efecto de la corrupción en función del Producto Interno Bruto(PIB), es decir, cuánto representan los ingresos y costos de la corrupción con relación a la producción nacional, para ser más claros cuántos bienes y servicios deja de producir la economía por cada 100 córdobas robados, seguramente nos daría una perspectiva más clara del impacto de la variable corrupción en el crecimiento del producto nacional.
El desarrollo económico se mide en función de la capacidad que tiene una economía para generar nuevos valores(bienes y servicios), que a su vez representen nuevos ingresos para la población, elevando así su nivel de vida, los países con una cultura política propensa a generar un sistema político basado en el imperio de la ley, tienen una dinámica de crecimiento mucho más acelerado que aquéllos donde la ley es usada al gusto y antojo de las élites políticas.
Ahora bien, la corrupción como un costo que genera subdesarrollo no se limita al robo de dinero constante y sonante, existen otros costos que muchas veces son intangibles, cuando por efectos del nepotismo, otro “valor” de nuestra cultura política se ubica en un puesto público a un elemento con poca o ninguna capacidad en asuntos de administración pública, esto conduce al despilfarro o en el mejor de los casos a la utilización de los recursos en prioridades equivocadas.
Concluyendo podemos señalar que las variables que determinan el subdesarrollo, están asociados a una cultura política arcaica que produce y reproduce un sistema de valores contrarios al desarrollo económico y por el contrario una cultura política moderna reproduce valores que se convierten en aceleradores del crecimiento económico.
* El autor es director de la Escuela de Comercio Exterior, Economía y Marketing de la UCC.