- El zurdo panameño es el cuarto
pelotero de la liga nicaragüense que llega a Grandes Ligas
Tito Rondon [email protected]
Ese León del 2000-2001 era poderosísimo. Entre sus refuerzos estaban los ex big leaguers Sil Campuzano (OF) y José Bautista (P), pero al terminar la primera vuelta, ganada por los occidentales, fueron despedidos. “Rendían, pero no conforme a su salario”, explicó un directivo.
Para la segunda ronda se consiguieron a un jardinero venezolano aparentemente acabado, y a un lanzador panameño de relativamente poca fama. Carlos Burguillos y Róger Deago. Con ellos el León llegó en cuarto lugar en la segunda vuelta, y clasificó para las semifinales. Y se volvió casi invencible.
Después de perder los dos primeros partidos de la final, los Leones barrieron al Bóer para coronarse campeones nacionales. Asdrudes Flores y Diego Sandino fueron los héroes del montículo, junto a Deago.
Cuando lo vi lanzar, me impresionó su garra. Lo entrevisté. Es muy pequeñito, mide como 5-7, aunque en el roster de los Padres de San Diego aparece de 5-10.
Después de hablar que de dónde era (de Monagrillo, Herrera), qué tiraba, que cómo se sentía en el León, entramos a su historial.
“¿Nunca tuviste alguna oferta para hacerte profesional?”, le preguntamos. “No”, me dijo sonriendo. “No ve de qué tamaño soy”. Reímos los dos.
“¿Nunca has salido de Panamá entonces?”, insistí. “Sí. Jugué en Europa”, contestó.
“¿Dónde, en Italia, o quizás en España?”. “No, en Checoslovaquia!”. Y volvimos a reír. “En serio”, aseveró. “Al menos así conocí Europa”.
Ahora conoció las Grandes Ligas.
CUARTO DE LIGA NICA
Es el cuarto pelotero del Campeonato Nicaragüense Abierto de Primera División que llega a las Mayores, el segundo panameño, y el primero del León. Los otros tres jugaron en el Chinandega principalmente, el utility canalero José Macías y los lanzadores Vicente Padilla y Oswaldo Mairena.
Una vez más se confirma lo aseverado varias veces en esta columna. El beis nica vivió su segunda época de oro en la segunda mitad de los noventa, en calidad. La mejor, desde luego, ocurrió durante la Liga Profesional.
Digo en calidad, porque en popularidad la pelota nica entró en esa década en una grave crisis, causada por la ignorancia y mala intención de los críticos y el fracaso de los directivos, que mimaron a las estrellitas hasta que el “cáncer” entró a nuestro béisbol, a como atinadamente afirmó nuestro Grandes Ligas, Marvin Benard.
Cansado del abuso de los directivos, Carlos García acabó con los importados, promocionando a los novatos del Béisbol Especial “porque no tienen vicios”.
Con eso pasa una gran época de nuestra pelota, en la que gracias al saber hacer de los extranjeros nuestros jugadores alcanzaron cimas antes jamás soñadas, como la victoria sobre una República Dominicana con cinco Grandes Ligas (más uno en el banco) en Winnipeg en 1999, y sobre Estados Unidos en 2001 en la Copa Mundial de Taiwan (ese equipo sí era casi todo de Liga Mayor).
Pensándolo bien, Deago es el símbolo de una época, y el roster de San Diego lo debería poner de más de seis pies. Su corazón pone la diferencia.