- No necesariamente las Naciones Unidas deben desaparecer, sino que hay que definir un nuevo papel
Carlos Murillo Zamora (*)ESPECIAL PARA LA PRENSA
Dadas las circunstancias actuales, es preciso hacer referencia al caso de las organizaciones internacionales (OI). Durante la segunda mitad del siglo XX éstas adquirieron un desarrollo y dinámica que tendió a sobrepasar su naturaleza y función. Así se comenzó a hablar de la ONU como un gobierno mundial. La idea no es nueva, pues el filósofo Inmanuel Kant habló de ella siglos atrás.
El problema es que las OI son foros de interacción de los Estados —los cuales dominan el escenario internacional— y su naturaleza nos les permite asumir funciones que no les son reconocidas por sus creadores, ni coinciden con la dinámica del sistema internacional.
Ahora se reconoce que la guerra en Irak y la conducta de los EE.UU. constituyen un complejo desafío para la ONU. Ello pone en entredicho su capacidad para enfrentar las acciones ilegales de las superpotencias y otros Estados que pretenden actuar al margen de la legalidad, como Irak, Corea del Norte, Cuba e Israel, por citar algunos ejemplos.
Sin embargo, ello no significa que la ONU deba desaparecer. Lo que se requiere es revisar su método de trabajo, la extensa agenda y el rol de las organizaciones regionales, como la OEA.
En definitiva, estamos en una coyuntura compleja que provoca la crisis del orden internacional de posguerra y parece remover los fundamentos del orden westfaliano, pues el estado-nación está en crisis, a lo que se suma la crisis de identidad que cada vez abarca a un mayor número de comunidades y sociedades.
A lo que se suma el creciente auge de las tesis neoconservadoras, predominantes en la Administración Bush, quienes propugnan por una moralidad totalitaria, que percibe la guerra como un recurso para hacer a la gente y a las sociedades mejores, no para la legítima defensa. La cuestión es cuánto tiempo tardará en restablecerse o transformarse el orden internacional.
¿PRESCINDIR DE LA ONU?
En un mundo en el que los actores predominantes —aunque no los únicos— son los Estados, no es viable pensar que todos actuarán desde una perspectiva multilateral en todas las situaciones; pero tampoco lo es un enfoque unilateral, por el grado de interdependencia y globalización. Por ello, ni siquiera los EE.UU., como hiperpotencia, pueden prescindir de la ONU.
(*) Carlos Murillo Zamora es costarricense, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional en Costa Rica. Ha sido profesor visitante en Managua.