- A pesar de los múltiples riesgos, los jóvenes hacen rugir máquinas con temeridad suicida
Edgard Tijerino M. [email protected]
Una de las tantas frases geniales de ese gran cronista que fue Jim Murray, y que tengo cuidadosamente grabada en mi memoria, como el tañido de la campana llamando al centro del ring a dos púgiles ansiosos por destruirse, es, “Enciendan sus ataúdes, el infierno los espera”.
Murray estaba escribiendo en ese momento sobre las 500 millas de Indianápolis, y se refería al desprecio de los competidores por el riesgo, su temeridad próxima a lo suicida, y esa atracción constantemente fatal hacia algo tan infernal.
MORTALMENTE EMOCIONANTE
Desde siempre, las carreras de carros han sido más peligrosas que la vida misma, porque se trata de coexistir con el peligro a 300 kilómetros por hora, provocar escalofríos haciendo rugir los motores y sentir el roce de la muerte en cada curva.
“Es una emoción indescriptible, es un reto a nuestra capacidad de atrevimiento y destreza”, dijo el austriaco Jochen Rindt, antes de matarse en la curva parabólica de Monza en 1970.
Ha sido Rindt, el único Campeón Mundial post-morten, y como tituló en aquella triste ocasión la revista especializada Corsa, “murió en su ley, como él hubiera querido”.
La pasión por la velocidad es tan difícil de explicar, como la que muestran los alpinistas por escalar montañas de hielo… Cierto, vivir es un peligro, y uno puede morir como el recordado ajedrecista José Retenly, de un infarto frente al tablero; o recibiendo un pelotazo de Carl Mays como le ocurrió a Ray Chapman; o por una falla circulatoria afectando al corazón mientras se movía en una cancha de baloncesto como Len Bias… En fin, como dice Stefan Sweig, la muerte te ofrece múltiples maneras y posibilidades.
Pero, ¿por qué buscarla, o peor aún, perseguirla con una insistencia que me parece absurda?
ESA IMPRUDENTE JUVENTUD
Pero, ahí están esos chavalos imprudentes que en diferentes sitios, sometiendo también a riesgo a otra gente, se desplazan a velocidades prohibidas alterando los motores de sus máquinas, tratando de demostrarnos como en el corrido mexicano que la vida no vale nada.
No puedo estar de acuerdo con esas alteraciones del orden, porque si no existiera en Nicaragua un polígono de tiro, no puedo sacar mi rifle y ponerme a practicar en el vecindario. De igual manera la falta de un autódromo, no nos otorga el visto bueno para tomar al bolsazo cualquier vía y utilizarla como pista.
MAYORGA AL BANQUILLO
El Campeón Mundial Ricardo Mayorga, un elemento valioso por sus proyecciones, en estos momentos el deportista pinolero más promocionado a nivel mundial, se ha sentido atraído hacia ese riesgo, y se le ha colocado en el banquillo, aunque no fue él quien inventó ese tipo de competencias, del conocimiento de todos y por supuesto de la Policía, desde hace años.
Quienes a veces transitamos bien noche para la pista Jean Paul Genie, estamos enterados de eso desde hace mucho tiempo, y conocemos de accidentes producidos. Así que, si bien es cierto hay que proceder para modificar eso, no estoy de acuerdo en utilizar a Mayorga como chivo expiatorio.
¡Qué hay de los antecedentes que deben estar bien archivados!… ¿Dónde estean los culpables previos a Mayorga?… Queremos ver a todos en el mismo banquillo… Justicia pareja, como dice Al Pacino en una de sus más conocidas películas.
LAS PISTAS PINOLERAS
Recuerdo los eventos de velocidad pura con “los Fangio nicas”… Casi 50 mil aficionados se reunieron en los años 70 en el circuito de la Universidad Centroamericana, sin un trazado conveniente, para presenciar una carrera.
El circuito de la UCA para zumbar a más de 150 kilómetros por hora. ¿Se imaginan eso?
Bueno, se corre en las calles de Montecarlo, pero el trazado es admisible y ha sido acondicionado… Hay circuitos como el Spa en Bélgica y tan sinuosos como Hockeheim, finalmente tumba de Jim Clark, pero ¿El de la UCA?
Recuerdo los cuartos de milla que se iniciaban en la intersección frente a la Estatua de Montoya y se proyectaban hacia el Sur. Denis Alemán era de los que ejerció dominio en esa competencia.
Y más adelante la “Pista” del Teatro González… Por favor. No creo que Jackie Stewart, considerado un matemático del automovilismo, se hubiera atrevido.
UN SUEÑO IMPOSIBLE
¿Y el soñado autódromo?… Ni pensarlo. En un país que todavía tiene como su más preciado monumento en lo referente a instalación deportiva, al Estadio Nacional que construyó Anastasio Somoza García en 1948, y que sigue utilizando un deteriorado Polideportivo España de casi 30 años para casi todo lo imaginable como espectáculo, hablar de autódromo, es tan inverosímil, como un plan de desarrollo.
Si no hemos conseguido inversionistas para construir un hospital como El Retiro, destrozado hace 31 años, es infantil pensar en darle forma a un autódromo.
Eso no quiere decir que se continúe utilizando el circuito “La vida no vale nada”, y que todos los fines de semana se sigan encendiendo “los ataúdes”, como diría Jim Murray.