“Nuevas amenazas”: ¿Un asunto policial o militar?

La lucha contra el terrorismo, el narcotráfico y otros delitos internacionales, plantea algunas opciones que empiezan a ser discutidas: hay quienes creen necesaria la militarización de ese enfrentamiento, mediante la “policialización” del Ejército; otros consideran que esa es una función exclusiva de la Policía, sólo que no está tan preparada como el Ejército; también se […]

  • La lucha contra el terrorismo, el narcotráfico y otros delitos internacionales, plantea algunas opciones que empiezan a ser discutidas: hay quienes creen necesaria la militarización de ese enfrentamiento, mediante la “policialización” del Ejército; otros consideran que esa es una función exclusiva de la Policía, sólo que no está tan preparada como el Ejército; también se encuentra en la mesa de discusión la posibilidad de crear una sola fuerza que tenga tanto la responsabilidad de la seguridad interna como la de defensa nacional, una especie de guardia nacional.

Xiomara Chamorro [email protected]

A principios de año, el Comando Sur de los Estados Unidos propuso a los ejércitos centroamericanos una especie de cordón militar regional contra el terrorismo, narcotráfico y otros ilícitos internacionales. La propuesta, según medios de prensa, también la hizo el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, a países sudamericanos, haciendo énfasis en los “espacios ingobernados”, esas áreas de territorio que en los distintos países están fuera del control gubernamental y que son aprovechadas por la delincuencia para sus fines.

La propuesta de Estados Unidos, redefiniendo el rol de los ejércitos, se vio acompañada desde Nicaragua con una propuesta de desarme regional impulsada por el presidente Enrique Bolaños y defendida en distintos foros internacionales por el canciller Norman Caldera.

En ese escenario, todo parece por hacerse: Un balance razonable de fuerzas; un “libro blanco”; el establecimiento de un consenso nacional en temas de seguridad y defensa, y la propia definición nacional de las tareas que se le asignarán a cada institución en el enfrentamiento al terrorismo, narcotráfico, lavado de dinero, tráfico ilegal de personas y otros delitos.

La indiferencia con que ha sido tratado el tema internamente contrasta con las presiones externas sobre el asunto.

Aunque el canciller Caldera obvió comentar las propuestas que se conocen desde el Comando Sur, sí dejó claro que detrás de la propuesta de limitación de excedentes de armas se mueve también un replanteamiento del rol de los militares, discusión que deja en manos de la sociedad.

“El tema del 35 por ciento estaba, en cierta manera, enturbiando la posibilidad de una discusión de muchos temas de integración regional más a fondo. Una de las razones por las que nosotros consideramos positivo que ese instrumento circunstancial se haya quitado, es que nos va a permitir entrar a un diálogo, todavía con el resquemor de que ahí está el asunto en La Haya y que tenemos que asegurarnos, los nicaragüenses, de que se respete nuestra integridad territorial, pero se está ventilando de una manera civilizada en una corte internacional, pero digamos que libre, libre, el aire no está, pero es mucho más fácil ahora empezar un diálogo sobre todos los puntos pendientes cuando no está de por medio una traba económica que se convertía en un obstáculo para seguir adelante en otro tipo de acercamiento en la integración”, explica Caldera en una entrevista para LA PRENSA.

Se ha visto una intensificación en las propuestas del presidente Bolaños en cuanto al desarme en la región, y particularmente usted como titular de las relaciones exteriores encabezó la propuesta en El Salvador; forma parte de una Comisión presidencial por el Desarme; firmó en Panamá un protocolo para formatos de armas. ¿Cuál es el concepto que está detrás de todo esto? ¿Qué persigue el gobierno de Nicaragua con esto?

Tenemos que tomar en cuenta dos realidades de la política exterior: una es que el presidente Bolaños se ha convertido, y así quiere mantenerlo él, en un luchador por la integración de Centroamérica, y la integración de Centroamérica no son solamente los Tratados de Libre Comercio y la Unión Aduanera, sino también social, y eventualmente hasta integración política, aunque esos son procesos mucho más largos. Sin embargo, hay manifestaciones tempranas de esa integración política, como por ejemplo, lo que aparece en el Tratado de Seguridad Democrática, que son exactamente frases sacadas de ese Tratado, lo que yo dije en El Salvador, un Tratado que tuvo mucha beligerancia a principios de los 90, pero que había perdido brillos en el camino y que nosotros queremos retomar, reforzar y ponerlo de nuevo sobre la mesa de discusión e impulsando las resoluciones de todas las comisiones en las que participan todos los ejércitos y fuerzas de seguridad pública que se firmó en Panamá, donde se aprobó la hoja para el inventario, porque eso es muy importante, porque el Ejército de Nicaragua ha sido muy cumplidor de su obligación de presentar un inventario, pero no todos los países lo han seguido al pie de la letra como lo hemos hecho nosotros. Con eso que se firmó en Panamá se pone más presión para que los otros países cumplan, y, además, para asegurar que estamos hablando de armas y hombres armados, no importa qué nombre tenga, porque aquí en Nicaragua antes del 79 tampoco había Ejército, había una Guardia Nacional, y que no me digan a mí que la Guardia Nacional no era un ejército, y sin embargo no se llamaba así. Entonces a veces en el nombre no está, y lo que tenemos que hacer es asegurarnos de que todo el mundo cumpla, sin esconderse en los nombres; entonces me parece que se dio un paso importante en universalizar el concepto que para poder tener una reducción de excesos de armamento tenemos que empezar por un inventario que sea verdadero, que sea completo, de todos, y así tener una base transparente con la que comenzar a negociar la reducción, esos son los primeros pasos, no es que mañana nos vamos a convertir en Suiza, sino que es un proceso que debemos empujar, y a eso es que nos referíamos con gradual, balance razonable.

Ahora con la globalización y con la integración que se ha dado en el mundo, los que estamos seguros que no respetan territorios ni soberanía ni límites de ningún tipo, son precisamente los enemigos de la democracia: el narcotráfico, el terrorismo, el crimen internacional, el tráfico de personas, de armas, lavado de dinero, todos esos delitos no respetan fronteras, y entonces las respuestas que tenemos que dar deben ser en la misma forma en que se plantea el problema.

¿Esta Comisión por el Desarme que organizó el presidente está hablando de que en Nicaragua hay un Ejército con diez mil hombres y más de cien mil Akas y varios miles de SAM 7?

Esa es una parte del asunto, éste (el de Nicaragua) es un Ejército, pero hay más ejércitos allá arriba, y hay que saber cuántas armas tienen esos ejércitos, y abajo tenemos una Guardia Civil y una Guardia Nacional, que en número podrían ser, incluso, más grandes que el Ejército (de Nicaragua). Yo creo que el problema no debemos enfocarlo necesariamente dirigido a las dimensiones. ¿De qué me sirve a mí una caja de AK, si lo que yo necesito en realidad es una lancha rápida para perseguir a los narcotraficantes, armada —por supuesto— para detenerlos a punta de bala si es necesario? ¿De qué me sirve a mí tener lanzagranadas, si lo que yo necesito es tener helicópteros para defensa civil? A veces no es la cantidad del armamento, sino la naturaleza del mismo, aquí estamos ante la pregunta de qué es lo que vamos a combatir, y creo que lo primero que tenemos que combatir —al menos en Nicaragua y en Centroamérica, en general— es la pobreza. Éste es uno de los países que tiene el índice de desastres más grande del mundo, son pocos los países que tienen el récord de tener los maremotos, terremotos y erupciones volcánicas, inundaciones, deslaves, sequías, entonces tal vez no es tanto el monto de lo que necesitamos, sino cuáles son y para qué. Las cosas están cambiando, y a eso nos referimos cuando decimos que tenemos que readecuar el rol y el equipo del Ejército, reequipar este Ejército para que sirva a las necesidades del país.

Pero, ¿cómo se negociarían todos esos activos que el Estado tiene, como Estado, invertidos en armas, para hacer eco de una propuesta de regionalizar esfuerzos militares contra delitos transnacionales?

Obviamente para regionalizar esfuerzos militares contra delitos transnacionales se va a necesitar material de diferente tipo del que se tiene para una guerra convencional, entonces primero hay que llegar a definir necesidades y ver lo que se tiene, y finalmente ver cómo se llenan esas necesidades, si es necesario cediendo en aquellas cosas que nosotros tenemos…

Diciéndolo limpiamente, sería: Si yo tengo un excedente de ciento y pico de mil Akas o SAM 7, se negociaría el valor de las mismas por otros activos, ¿y para quién? ¿para la Policía o para el Ejército?

Yo creo que ambos cuerpos se podrían beneficiar de un cambio, no le llamemos trueque porque podríamos herir susceptibilidades, pero sí necesitarían de poder contar con más equipo para movilizarse rápidamente, aunque sea a cambio de las mismas armas, cortas o largas, dependiendo de cuál sea el metro con que se mida. Yo creo que nos haría mucho bien tener helicópteros para ambos, para el Ejército y para la Policía, para Defensa Civil, si tuviéramos un excelente equipo de rescate para Defensa Civil se le estaría prestando un gran servicio a Nicaragua, el Ejército vía Defensa Civil, de primer orden, ya que estaría salvando vidas de mejor manera.

Muchas de las misiones, como combate al narcotráfico, tráfico de armas, etc., parecieran ser misiones más propias de una Policía. ¿Esta propuesta de redefinir el papel de los ejércitos estaría más orientada a fortalecer las policías y tendería a disminuir el valor o la importancia de los ejércitos en la región?

No quisiera adelantarme a decir cuál será el resultado, pero sí creo y concuerdo con que ese tipo de análisis debe realizarse. Debemos preguntarnos en el largo plazo hacia dónde vamos como sociedad. ¿Necesitamos un Ejército? Sí, necesitamos un Ejército, o bien, sí, necesitamos una Policía. ¿Cuánto necesitamos del uno o del otro? Esa es parte de la discusión, de la visión de nación que tenemos que buscar. Pareciera que hay misiones que son de la Policía, realmente si lo son o no lo son, quisiera oír antes a los que saben de este asunto.

Pero, ¿cuál sería la meta del presidente, el propósito?

El propósito del presidente es buscar cómo crear empleos, y la manera es darle seguridad al inversionista, seguridad jurídica, pero también seguridad ciudadana, dándole una Policía que ha hecho un trabajo excelente y que necesitamos asegurar que lo siga dando en el futuro, pero también dándole un Ejército que ha cumplido funciones tanto de defensa de la soberanía como de Defensa Civil, como en el caso de la Fuerza Naval, otras funciones parecidas. No nos debemos dejar llevar por las soluciones de otros países, hay países que pueden darse el lujo de tener una Fuerza Naval de la Armada, otra de guardacostas y también lanchas rápidas de la Policía, que cumplen funciones por separado y son tres cuerpos. De repente esa es una solución de país rico, y nosotros no tenemos esa capacidad; a lo mejor tenemos que pensar en una solución creativa.

¿Como qué cosa?

En una sola fuerza que cumpla varias funciones.

¿Una Policía…?

Podría ser una solución, pero no la única, y eso es lo que queremos analizar.

En otras oportunidades el presidente Bolaños ha hablado de reestructurar el Ejército y que se necesita más una Policía fuerte. ¿Esa es una meta del presidente respecto a temas de seguridad nacional y regional?

Es posible que en el largo plazo se tenga la visión de nación, pero recordemos que él quiere someterlo a una discusión en la que participe todo Nicaragua, las mismas Fuerzas Armadas, la Asamblea Nacional. Yo creo que más importante (que preguntarse) si hay o no hay (Ejército), la pregunta es qué es lo que necesitamos y cuáles son las funciones que debemos reforzar o disminuir, o las que no deberían existir del todo.

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