Muchos feligreses tocan al Nazareno para sanar sus enfermedades.

Devoción en el Tepeyac

Los feligreses van a San Rafael del Norte, para escalar el cerro en uno de los Vía Crucis más originales de Nicaragua Gabriel Sánchez [email protected] Al llegar a la cima de la montaña soltó el llanto por la emoción. Entre más de dos mil personas que se amontonaban para tocar la imagen del Cristo crucificado, […]

  • Los feligreses van a San Rafael del Norte, para escalar el cerro en uno de los Vía Crucis más originales de Nicaragua

Gabriel Sánchez [email protected]

Al llegar a la cima de la montaña soltó el llanto por la emoción. Entre más de dos mil personas que se amontonaban para tocar la imagen del Cristo crucificado, Francisca Pérez pagaba su promesa por haber salido de prisión.

Recorrió casi un kilómetro descalza y vendada, en un camino de menudas piedras afiladas que se mezclan con la tierra, desde la capilla La Reconciliación, en San Rafael del Norte, pueblo situado a 20 kilómetros de Jinotega. Todo para seguir el Vía Crucis que con devoción se celebra desde hace más de 300 años en este lugar.

Igual que esta mujer de 30 años, miles de feligreses se dan cita todos los Viernes Santo para celebrar uno de los más famosos Vía Crucis del país: el del Tepeyac, cuyo nombre lleva el cerro donde inicia la primera de las 14 estaciones de esta procesión que simboliza el recorrido de Cristo, antes de ser crucificado.

La primera estación del Vía Crucis del Tepeyac inicia con una oración de cuando “Jesús es condenado a muerte”. En las faltas del cerro, al compás de la lúgubre melodía de una flauta de viento, tambores y trompetas de la filarmónica, la gente se detiene por primera vez desde que salió de la capilla La Reconciliación, la cual está ahora a 500 metros de ese lugar. De pronto, se escucha un murmullo y la gente cae arrodillada.

Han transcurrido 20 minutos desde que salieron de la iglesia de estilo colonial renacentista, diseñada por un arquitecto italiano, cuyo valor estético le mereció ser declarada Patrimonio Nacional, el año pasado. Es el mismo templo recordado por la imagen de un demonio que, según dicen, tiene un gran parecido a Daniel Ortega, quien gobernó el país en los años 80.

El cortejo salió una hora antes del mediodía, y tres imágenes se juntaron en el camino.

La gente reza una oración y al terminar, el “Dios te salve María, llena eres de gracia…” es la señal para que los músicos vuelvan a ejecutar la misma melodía que acompañará la imagen solitaria del Cristo agobiado, hasta que encuentra a su santísima madre, en la cuarta estación.

Es en este punto cuando empieza a verse la gente que desborda por la empinada colina, mientras el olor de los pinos de las montañas se hace cada vez más intenso, igual que el sonido de las chicharras, enmudecido sólo por la música de fondo, mientras la imagen de San Juan se suma y hace un trío santo.

El trayecto de 250 metros para subir al Tepeyac es una demostración de fervor religioso y devoción de los feligreses, incluso algunos que llegan de Managua y Honduras.

Al llegar a la décima estación se observa la belleza de un pueblo cercado de montañas.

En la cima, las imágenes permanecen 20 minutos, para luego dar la vuelta y hacer el mismo recorrido, de regreso, pero esta vez con menos personas porque una parte se queda en la capilla del Tepeyac, a rezar por favores y terminar de ofrecer su gratitud a Dios, como Francisca, quien se quedó rezando y llorando por la libertad que le concedieron.  

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