Los tiempos cambian

Chepeleón Argüello Quiero referirme al artículo de la señora Ligia R. Castillo, publicado el viernes 11 de marzo bajo el título “ Por sus frutos los conocerás”. Doña Ligia tiene derecho a ser cristiana y a tener sus valores morales basándose en una idea religiosa. Pero también tiene que entender que Iglesia y Estado no […]

Chepeleón Argüello

Quiero referirme al artículo de la señora Ligia R. Castillo, publicado el viernes 11 de marzo bajo el título “ Por sus frutos los conocerás”.

Doña Ligia tiene derecho a ser cristiana y a tener sus valores morales basándose en una idea religiosa. Pero también tiene que entender que Iglesia y Estado no son dos cuerpos en uno. Esa fórmula para gobernar ya no existe, como consecuencia y producto de los abusos de una de las partes (la inquisición propagada por los abuelos) y dejó de existir gracias a la visión de los padres de la patria.

Lo que más me llama la atención de estas opiniones no es el amor por el prójimo que claman, sino las contradicciones y manipulaciones de las Santas Escrituras. No es con ataques personales o posiciones inflexibles que podrán educar a la población. Los tiempos cambian, los conceptos varían y el ser humano evoluciona para bien o para mal. En un estado de derecho las diferentes ideas políticas y religiosas encuentran protección en las mismas leyes que los ciudadanos participantes del proceso electoral ayudamos a mantener y cambiar de acuerdo a los tiempos. Y todo esto se hace con civismo y respeto al derecho ajeno, para evitar las catacumbas, las cárceles por opinar, el exilio o las inquisiciones religiosas.

No se puede medir a toda una nación con los mismos valores religiosos y morales. Eso sería contraproducente y dejaría muy clara la intolerancia. En vez de polarizar estas posiciones, ya sean políticas, religiosas o morales, hay que empezar por educar a los niños para que aprendan a discernir y no caer en los mismos errores del dime que te diré.

No estoy de acuerdo con el aborto y defiendo la familia, pero cada quien debe enfrentar con su culpa a Dios, que no necesita jueces en la tierra.  

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí