Joaquín Francisco Acevedo R.
El lunes 21 de marzo, fue publicada en LA PRENSA una carta titulada “Farmacéuticos”, firmado por el señor José María Uriarte, en la que arremete por razones desconocidas contra el gremio farmacéutico de Nicaragua y de América Latina.
Esa publicación desacertada es posiblemente producto de una persona que desconoce totalmente la naturaleza, tanto de la farmacia como del medicamento. Que tenga bien claro el señor Uriarte que ni la farmacia es un comercio ni el medicamento es una mercancía, por lo tanto no aceptamos su injusto ataque al gremio farmacéutico.
“Desde luego que la miopía de las personas que no entienden la naturaleza del medicamento, les hace tratarlo como un bien de consumo cualquiera, como un producto común y no como un producto altamente diferenciado, cuyas características y uso racional lo constituye en un elemento sensible para la salud”.
En ese sentido, con pleno conocimiento de causa y poderosas razones científicas y técnicas, el Dr. Edwin Aguilar escribió en LA PRENSA “Las medicinas no son caramelos”. Si bien es cierto que tenemos un gobierno liberal y un libre comercio, no autoriza a nadie para convertir los medicamentos en comercio libre, atentando en esta forma contra la salud del pueblo como lo plantea el Sr. Uriarte.
La farmacia y el ejercicio profesional farmacéutico con formación académica adecuada y con un título profesional que lo acredite como fuente digna de información, es en beneficio del paciente.
El Ministerio de Salud, a través de la Dirección de Farmacias y de acuerdo a la Ley 292 (Ley de Medicamentos y Farmacias), exige que todo establecimiento farmacéutico debe estar bajo la responsabilidad y control de un profesional farmacéutico.