“Celulitis” parlamentaria

Son los hombres y mujeres más dichosos de Nicaragua. Trabajan poco y ganan muchísimo. Están exentos de pagar algunos impuestos, tienen libres para introducir vehículos, les asignan chofer y combustible. Son los diputados nicaragüenses, “los Padres de la Patria”, como les gusta que les llamen. El Estado les paga para legislar. Orlando ValenzuelaFotografías/La Prensa Desde […]

  • Son los hombres y mujeres más dichosos de Nicaragua. Trabajan poco y ganan muchísimo. Están exentos de pagar algunos impuestos, tienen libres para introducir vehículos, les asignan chofer y combustible. Son los diputados nicaragüenses, “los Padres de la Patria”, como les gusta que les llamen. El Estado les paga para legislar.

Orlando ValenzuelaFotografías/La Prensa

Desde hace varios meses, cuando a Nicaragua entró la competencia en la telefonía celular, en la Asamblea Nacional muchos de los representantes parlamentarios se enfermaron con un nuevo virus llamado “celulitis parlamentarius” , que ataca con violencia a todo lo que huele a legislador.

Este virus no discrimina sexo, edad, religión ni credo político, por lo que es muy común ver a nuestros diputados, a cualquier hora, en plena sesión ordinaria o extraordinaria, tomar su aparato celular y llamar a la oficina para ver cómo van “sus” negocios, a su casa para saber qué habrá de almuerzo, a “El Raizón”, “El Chile”, o a la Secretaría de la Presidencia para recibir la “línea” gubernamental o de los “líderes” de partido.

También reciben y hacen llamadas a la nana, los niños, la cocinera, a los amigos, al abogado, al doctor de la familia, al peluquero, al veterinario, a la empleada, al asesor, el chofer-escolta, la secretaria, a empresarios, embajadas y hasta de tipo “sentimental”.

La “celulitis parlamentaria” es una enfermedad que ataca sin previo aviso, en cualquier momento. Algunos diputados pasan varios minutos (decenas) hablando en secreto, otros a gritos, varios lo hacen con disimulo y otros sin recato.

El celular es como un juguete nuevo en manos de un niño. Por eso es normal que a veces miremos a un “veterano” diputado enseñándole el uso de este “juguetito” a un novato. Lo triste es que mientras se les paga muy bien para trabajar, usan el tiempo para asuntos de negocios, políticos y sentimentales.  

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