Los negociadores centroamericanos del TLC con EE.UU, analizarán el texto de acuerdo chileno.

A Chile se le complicó su TLC con EE.UU.

Pablo Rodas [email protected] El gobierno chileno trata de aparentar calma, pero se truena los dedos por las complicaciones que se le han atravesado en la firma del TLC con EE.UU. Para los centroamericanos es importante seguir de cerca lo sucedido, pues ilustra el delicado manejo en la Casa Blanca y el Congreso en temas como […]

Pablo Rodas [email protected]

El gobierno chileno trata de aparentar calma, pero se truena los dedos por las complicaciones que se le han atravesado en la firma del TLC con EE.UU. Para los centroamericanos es importante seguir de cerca lo sucedido, pues ilustra el delicado manejo en la Casa Blanca y el Congreso en temas como los tratados de libre comercio (TLC), máxime cuando se mezcla con intereses políticos de EE.UU.

Hasta hace unas semanas todo iba viento en popa en las relaciones entre las administraciones de George W. Bush y Ricardo Lagos, pese a que el primero pertenece al Partido Republicano y el segundo al Partido Socialista. En diciembre Robert Zoellick, el US Trade Representative, aparecía muy sonriente con la canciller chilena, Soledad Alvear, anunciando la conclusión de las negociaciones entre ambos países.

Las dificultades para Chile llegaron con la decisión del presidente Lagos de oponerse en el Consejo de Seguridad de la ONU a la intención de EE.UU. de lograr la aprobación para declarar la guerra a Irak. La negativa de Chile molestó a la Casa Blanca y al Congreso de ese país.

El asunto no terminó ahí, sin embargo. En la Comisión de Derechos Humanos de la ONU se había convocado a una reunión especial para discutir la situación humanitaria en Irak. El gobierno chileno ya había decidido promover gestos de acercamiento con Washington a través de tres medidas: a) rechazar esa sesión especial de la ONU, b) votar contra Cuba en abril y c) manifestar su disposición a participar en la reconstrucción de Irak una vez concluyese la guerra.

Sin embargo, ¡sorpresa!, su embajador en la ONU se rebeló contra la disposición de su gobierno, y se abstuvo en la votación, en lugar de votar en contra.

Según informan los diarios chilenos, eso es algo que no se había producido en la historia diplomática de su país. Los EE.UU. se molestaron tremendamente, y la prensa chilena habló del bochorno diplomático en que quedó su país, máxime que hasta Francia y Alemania, países opuestos a la guerra, votaron en contra de la resolución.

Resultado: EE.UU. desvinculó los TLC con Singapur y con Chile; es decir, mientras ambos tratados habían ido casi de la mano durante meses, y se esperaba una firma casi simultánea en mayo —para que entraran en vigor el 1 de enero del 2004—ahora sacaron a Chile de ese calendario, y sólo dejaron a Singapur con el calendario original.

Algunos chilenos procuran autoengañarse diciendo que el atraso se debería a que el TLC con Chile necesita ser traducido al español, mientras que el tratado con Singapur va nada más en inglés. El gobierno chileno, por su lado, procura ocultar su decepción señalando que otros tratados, como el que firmaron con la Unión Europea, merecerían su atención.

La preocupación real, sin embargo, es indiscutible, pues es evidente que Chile perdió dos impulsos. Se estima que la Casa Blanca pondrá menos ahínco en su cabildeo ante el Congreso y, peor aún, se cree que senadores y congresistas —principalmente republicanos— le cobrarán a la factura a Chile por llevarle la contraria a EE.UU. en el tema de Irak. Un diario de Chile ya traía el siguiente comentario: “Zoellick sugirió que los chilenos eran ingenuos si creían que la actitud del gobierno chileno no tendría costos políticos”,

Reitero que es importante analizar la experiencia chilena pues permite apreciar los entretelones de la política exterior en EE.UU. Concluir la negociación con el USTR no equivale aprobación automática del tratado. En temas comerciales, el Congreso es el que manda en EE.UU., y los senadores y representantes son presa fácil de intereses proteccionistas, por lo que asuntos como el de la oposición a la guerra en Irak, sólo les puede servir de pretexto para “racionalizar” su negativa al tratado.

El autor dirige el Proyecto “Centroamérica en la Economía Mundial del Siglo XXI”.  

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