Félix Pedro Camacho
Me refiero al editorial del 28 de marzo sobre la Ley de Tránsito. Me parece que lo expresado en dicho editorial es tal vez demasiado optimista, calificando a la mencionada ley de buena y entusiasmándose por “la con dulce” como se dice popularmente, que nos dieron los reguladores del tránsito en esta semana. Creo que esta nueva ley está redactada en términos muy confusos, que provocarán una mayor discrecionalidad en los agentes de tránsito. Por otra parte, existen muchos vacíos, como es el caso de la facultad de la Policía de cerrar la vía pública por razones de fluidez o de seguridad.
Hace poco se dio un claro ejemplo de los trastornos que provocan estos vacíos, pues la juventud sandinista organizó un concierto en la UCA, en plena vía pública, causando un serio congestionamiento del tránsito en toda la zona, sin contar el estado lamentable de suciedad que se observó luego de finalizada la actividad.
No creo pues que la aplicación rigurosa de esta nueva ley vaya a cubrir las grandes fallas a nivel de cultura que es necesario superar a fin de que la circulación por las calles sea segura.