Edgard Rodríguez C. [email protected]
Un año después de convertirse en la gran revelación del béisbol pinolero en las Grandes Ligas, Vicente Padilla intentará ahora, dar otro valioso paso en dirección a la grandeza, mientras nos emociona y salpica de orgullo desde el montículo de los Filis.
Padilla emergió desde las sombras en el 2002, se adueñó de un puesto en la rotación de los Filis, ofreció faenas impactantes que le llevaron al Juego de Estrellas y por un buen rato, aguantó ser comparado con los mejores tiradores de las Ligas Mayores.
Todo estuvo muy bien, excepto el escaso respaldo del equipo de Filadelfia que nunca le permitió flexibilidad en los marcadores, y el desplome que sufrió su consistencia en la recta final, atribuido por los Filis a un agotamiento que Vicente no admitió.
¿Qué se espera ahora? Bueno, que siga creciendo. Lo demostrado el año pasado fue, sin espacio a dudas, espectacular. Padilla ganó 14 juegos, con uno de los peores equipos de la liga, pero aún en medio de los reveses, quedó constancia de su calidad.
Esta vez, esperamos que Vicente esté más construido, con mayor experiencia y una idea más precisa de cómo manejar sus recursos. Pero además, debe tener mejor respaldo con unos Filis que no anduvieron con cuentos a la hora de abrir su billetera.
Abrieron la billetera y agregaron las piezas que hacían falta para mejorar el equipo, ir en busca de los Bravos en la cima del sector Este y garantizar una atmósfera positiva en su traslado hacia un nuevo estadio para la temporada del año 2004.
¿Qué ha mejorado Padilla? De acuerdo al detalle que llega desde los entrenamientos, el nica debe estar mejor preparado. Su brazo no llegó tan listo como el año pasado, pero sí descansado. Y ahora tiene más información sobre el circuito.
Así que el poderoso lanzador, que ahora debe mostrar más capacidad para mezclar sus disparos y que nos cautivó el año pasado, está de regreso al box, listo para ofrecer su esfuerzo en beneficio de los Filis, de él mismo y su familia.
“17 victorias es una buena cifra”, le dije en Clearwater. “Yo también lo creo”, sonrió.