- Acusa a los medios de comunicación de “desorientar” a la población
- EE.UU. afirma que sus tropas
controlan tercera parte de Irak
Agencias
WASHINGTON.- El gobierno de EE.UU. se esforzó ayer por combatir la sensación generalizada de que la guerra contra Irak no va tan bien como se esperaba o como lo habría prometido, y acusó a los medios de comunicación de “desorientar” a la opinión pública con sus “cambios de ánimo”.
El presidente George W. Bush preparó el viernes a los estadounidenses para sufrir más víctimas de cara a una inminente batalla por Bagdad, pero prometió no aceptar nada menos que una completa victoria en la guerra para derrocar al líder de Irak, Saddam Hussein.
La batalla por Bagdad, la cual será la acción clave de la guerra, podría complicarse para las tropas anglo estadounidenses, ya que el régimen iraquí ha fortalecido las defensas y ha colocado a sus mejores tropas en anillos protectores alrededor de la capital.
El futuro episodio ha sido comparado por algunos analistas y medios con la batalla de Stalingrado, librada en la Segunda Guerra Mundial entre los soviéticos y los nazis, un capítulo sangriento de la conflagración que destacó por cruentos combates calle por calle y que concluyó con la derrota de los alemanes.
Terribles escenarios son asociados a la batalla que se avecina, porque es muy difícil, si no imposible, evitar numerosas bajas civiles y de militares aliados en un cerco prolongado con Hussein y sus hombres resistiendo como fieras ante un peligro mortal.
Un resultado que podría traer peligrosas consecuencias para las carreras políticas del primer ministro británico Tony Blair, quien enfrenta una oposición masiva a la guerra en su país, y para Bush mismo, quien pretende reelegirse en 2004.
Reportes de corresponsales en Bagdad afirmaban ayer que el régimen está impidiendo a la población civil huir.
A pesar de los crecientes cuestionamientos sobre la estrategia militar norteamericana frente a una mayor resistencia de la esperada en el sur de Irak, Bush dijo que las fuerzas lideradas por Estados Unidos estaban gradualmente tomando el control del país árabe y avanzando hacia la capital.
“CULPA” DE LOS MEDIOS
“La Operación Libertad Iraquí ha superado su primera semana. En ese breve período las fuerzas de la coalición han hecho progresos sólidos”, dijo el Secretario de Defensa, Donald Rumsfeld.
Sin embargo, según se quejó Rumsfeld, “en ese breve período, hemos visto cómo el ánimo de los medios de comunicación sube y baja, y vuelve a subir, a veces en tan sólo 24 horas”.
Autoridades de la Casa Blanca negaron que los planificadores de la guerra fueron tomados con la guardia baja por la resistencia iraquí y dijeron que las suposiciones de los medios de comunicación y otros no “estaban frustrando” a Bush, quien creía que la guerra estaba avanzando.
“Estamos infligiendo severos daños en las fuerzas enemigas. Estamos ahora luchando con las unidades más desesperadas del ejército del dictador. Los feroces combates que están en marcha demandarán más valor y sacrificio. Aún así, sabemos las consecuencias de esta batalla’’, dijo Bush a veteranos de guerra antes de partir hacia la residencia de descanso presidencial de Camp Davis, por el fin de semana.
“Contra este enemigo no aceptaremos otro resultado que la victoria total’’, manifestó.
La promesa de una victoria de las tropas de Estados Unidos y Gran Bretaña pareció dirigirse a cortar cualquier intento de los iraquíes de dilatar el conflicto con la esperanza de desmoralizar a las tropas invasoras y llegar a una negociación.
Las dudas existían desde hace días, desde que los soldados que invadieron Irak desde el sur se encontraron, no con el recibimiento multitudinario de la población iraquí, sino con una fuerte resistencia de parte de unidades irregulares.
Los medios internacionales contrastaron las declaraciones más recientes de Bush y sus funcionarios con las pronunciadas aún hace diez días o en semanas, en las que la Administración daba por sentada la idea de una solución rápida y definitiva que incluía la rendición en masa de las tropas iraquíes, la aclamación de la mayoría chiíta en el sur a sus “libertadores”, y el desmoronamiento del régimen.
Las milicias “Fedayín” y la selecta Guardia Republicana han frenado el avance de estadounidenses y británicos en distintos puntos del país con una estrategia de guerrillas.
“NO ERA EL ENEMIGO QUE ESPERÁBAMOS”
Las dudas se convirtieron en polémica a raíz de unas declaraciones del general William Wallace, jefe del Quinto Cuerpo de Ejército.
Wallace manifestó a los diarios “The Washington Post” y “The New York Times” que “el enemigo contra el que estamos luchando es distinto del que nos enfrentamos en los juegos de guerra” previos al conflicto.
Rumsfeld trató de zanjar el asunto echando de nuevo la culpa a ambos diarios, a los que acusó –pese a confesar que no leyó la entrevista– de colocar unos titulares que no se correspondían con el espíritu de las manifestaciones que hizo el militar.
“Ya he visto muchos titulares que no encajan con los artículos”, dijo el secretario de Estado, quien añadió que “alguien me ha dicho que (Wallace) también dice que estamos donde deberíamos estar”.
El asunto estuvo presente en todas las conferencias de prensa de altos cargos del gobierno, que trataron de restar importancia a las informaciones sobre la resistencia iraquí.
No obstante, el Subsecretario norteamericano de Defensa, Paúl Wolfowitz, admitió que Estados Unidos no anticipó algunas de las tácticas utilizadas por los iraquíes, pero insistió en que la campaña militar se desarrollaba de acuerdo a lo planeado.
“Si algo subestimamos fue la voluntad de este régimen para cometer crímenes de guerra (…) como el de poner unidades de la artillería antiaérea en los hospitales”, afirmó Wolfowitz ante un grupo de periodistas extranjeros.
El portavoz de la Casa Blanca, Ari Fleischer, dijo que “siempre se pensó que iba a haber resistencia y que iba a haber lucha”.
Bush acusó a las fuerzas iraquíes de cometer crímenes de guerra. Señaló que los responsables serían “perseguidos despiadadamente y juzgados severamente”.
Con el fin de mostrar que la guerra iba por buen camino, el general Richard Myers, Jefe de las Fuerzas Armadas estadounidenses, mostró un mapa que detallaba que el 40 por ciento de Irak ya no está bajo el mando de Saddam Hussein.
Estas zonas incluyen las regiones curdas en el norte, un amplio sector del oeste iraquí y una zona del sur del país. Myers pronosticó que habría enfrentamientos esporádicos en esas regiones.
UN TERCIO DE IRAK
Las fuerzas invasoras controlan más de una tercera parte del territorio iraquí y 95 por ciento de sus cielos, informó ayer el Jefe de las Fuerzas Armadas estadounidense, general Richard Myers.
Mientras, las fuerzas estadounidenses continuaban, según el Pentágono, su avance hacia Bagdad, donde prevén librar una dura batalla contra grupos de la Guardia Republicana del presidente iraquí Saddam Hussein.
Myers, jefe del Estado Mayor, cree que las fuerzas de Saddam están escondiendo tanques y piezas de artillería en un barrio residencial del sur de Bagdad.
Los invasores mantienen enfrentamientos contra frentes de resistencia iraquí al sur del país. En la ciudad de Nassiriya reportaron desaparecidos a cuatro infantes de Marina.
Ocho marines seguían desaparecidos luego de una batalla, el domingo, cerca de Nasiriya, en la cual las fuerzas iraquíes fingieron rendirse para luego abrir fuego. Por lo menos nueve marines murieron, dijeron fuentes militares.
Myers insistió en que esas batallas no eran significativas a nivel militar. Tanto él como el secretario de Defensa Donald H. Rumsfeld dijeron que la avanzada hacia Bagdad no se vería afectada por ataques de “escuadrones de la muerte’’ iraquíes.
CINCO MIL BOMBAS
En los primeros nueve días de la guerra (hasta ayer) las fuerzas estadounidenses y británicas lanzaron 650 misiles de crucero Tomahawk y 5,000 bombas de alta precisión, dijo el general estadounidense Richard Myers. Los aviones invasores ejecutaron el viernes más de 1,500 misiones sobre Irak, incluyendo 700 ataques, dijo un funcionario militar.
(Resumen de cables: Alberto L. Alemán)
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