- El avance es razonable, según expertos, pero se vendió una imagen de una guerra corta y limpia, irreal
Paul HolmesReuters
WASHINGTON.- No se trata de un paseo. Una semana después del comienzo de la guerra en Irak, los pronósticos optimistas de algunos miembros del gobierno estadounidense, de una rápida derrota de las fuerzas iraquíes han mostrado haber estado tan erradas como las predicciones de que las tropas aliadas serían recibidas como “libertadoras’’.
La ayuda humanitaria, un arma clave en la batalla por las mentes y los corazones iraquíes, aún está por llegar al sur de Irak en cantidades considerables o con la velocidad con que el presidente George W. Bush dijo que lo haría apenas el domingo.
En el terreno local, la cobertura de la televisión iraquí de los soldados estadounidenses capturados y muertos y los reportes en vivo de los periodistas, quienes acompañan a las unidades que están en el frente, han traído la angustia de la batalla a la sala de cada casa.
En el exterior, en el mundo árabe y musulmán en particular, las imágenes de víctimas civiles han inflamado los sentimientos antiestadounidenses y dejado en entredicho las promesas de Estados Unidos de que evitaría los daños a la población.
Y el presidente iraquí, Saddam Hussein, al parecer está aún vivo, ya que Bush y sus colaboradores más cercanos siguen hablando de él en tiempo presente.
AVANCE RAZONABLE
Entonces, ¿qué ha ido mal? No demasiado hasta ahora, en cuanto a la operación militar de marchar directamente sobre Bagdad, implementada por el general Tommy Franks, de acuerdo con expertos en defensa de Estados Unidos.
Mucho, según esos mismos expertos, en cuanto a cómo la Casa Blanca y el Pentágono fueron incapaces de dar a un público inseguro una idea suficientemente seria sobre la cruda realidad de una guerra.
“Están teniendo que comerse sus propias palabras, de alguna manera’’, dijo Lawrence J. Korb, director de estudios sobre seguridad nacional del Consejo de Relaciones Exteriores.
“Si te detienes a pensar, según cualquier estándar de la historia militar, la guerra va razonablemente bien, pero no por los estándares que ellos se fijaron. Empezaron a creerse su propia propaganda’’, dijo Korb.
Las fuerzas invasoras han pasado de largo por los poblados y ciudades del sur en su marcha a la capital, dejando a los residentes preocupados de que cualquier muestra de respaldo pueda dejarlos expuestos a la venganza de los simpatizantes de Hussein.
EXPECTATIVAS “INGENUAS”
El Secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, insistió el fin de semana que ni él ni nadie en el Pentágono describieron nunca la campaña en Irak como un “paseo”.
Pero al menos dos influyentes consejeros de la administración, los neoconservadores Richard Perle y Kenneth Adelman, públicamente predijeron antes de que comenzara la guerra que una rápida victoria era una gran posibilidad.
Tales afirmaciones, junto a los reportes de los medios de comunicación sobre los ataques aéreos que provocarían “impacto y terror” en las fuerzas iraquíes, fomentaron las expectativas del público de una rápida guerra que ahora han tenido que ser revisadas rápidamente, dijeron expertos en defensa.
“Uno hubiera sido ingenuo o muy ingenuo si pensaba que esto iba a terminar en una semana”, dijo el contralmirante retirado Steve Baker, catedrático del Centro para Información de la Defensa en Washington.
Baker, quien comandó un grupo de batalla en la Guerra del Golfo de 1991, dijo que no tenía duda de que las fuerzas aliadas, algunas actualmente a unos 80 kilómetros de Bagdad, ganarían la guerra.
“El resultado es seguro”, dijo. “Pero la pregunta aún es cuánto tiempo va a tomar”.
AMARGAS MEMORIAS
Los iraquíes del sur, de mayoría musulmana chiíta, también tienen amargos recuerdos de cómo el padre de Bush, cuando fue presidente en 1991, los instó a levantarse contra el liderazgo de Hussein –mayoritariamente sunita, la otra gran rama del Islam– sólo para abandonarlos cuando cayó sobre ellos una brutal represión.
Los enfrentamientos con las milicias fedayines, una fuerza de estilo guerrillero apenas mencionada por los funcionarios estadounidenses antes de la guerra, también han atrapado a los civiles en el inevitable fuego cruzado.
Incluso algunos soldados estadounidenses, como la mayoría del público en su país, se han sorprendido del nivel de resistencia de los iraquíes.
“No estaban entregándose como pensábamos que harían”, dijo Joshua Menard, un marine herido en un enfrentamiento con iraquíes vestidos de civil cerca de la sureña ciudad de Nasiriya.
LAS PRIMERAS DECLARACIONES
Sólo tres días antes de que Bush diera la orden de disparar los primeros misiles crucero contra Hussein, el vicepresidente Dick Cheney decía en televisión que la guerra terminaría en “semanas más que en meses”. El miércoles, Bush cambió en el último minuto un discurso y eliminó una referencia a que la campaña marchaba “más rápido de lo previsto”. Cheney, Secretario de Defensa durante la Guerra del Golfo de 1991, decía también apenas el 16 de marzo, que los civiles iraquíes estaban tan desesperados por derrocar al gobierno de Hussein que recibirían a las fuerzas aliadas como libertadores. Eso tampoco ha sucedido en gran medida.