Del desarrollo a la innovación

José Leñero G. En columna reciente recogí los comentarios de Charles Handy sobre la intensidad con que los artistas plásticos italianos interpretan los sentimientos de su pueblo y como los pintores del Renacimiento Avanzado cambiaron el objetivo de sus obras, de mirar a Dios y a los santos, por ver a los seres humanos en […]

José Leñero G.

En columna reciente recogí los comentarios de Charles Handy sobre la intensidad con que los artistas plásticos italianos interpretan los sentimientos de su pueblo y como los pintores del Renacimiento Avanzado cambiaron el objetivo de sus obras, de mirar a Dios y a los santos, por ver a los seres humanos en su calidad de ejecutores de la voluntad divina, esto es de cocreadores. Esta nueva responsabilidad exige a cada ser humano desarrollar lo mejor de sí mismo, exigencia que Jim Collins encuentra también en su estudio empírico, como requisito de los integrantes de las empresas que sobresalen.

Por su parte el Dr. Edwin A. Locke, profesor de Liderazgo en la Escuela de Negocios de la Universidad de Maryland, examina en su libro The prime movers (Los Pioneros), 2000, más allá de la obligación general de desarrollarnos, cinco características de los grandes pioneros del último siglo, como Bill Gates, Sam Walton, o el tradicional Thomas A. Edison.

La primera es Visión que significa claridad de las necesidades que tienen los clientes potenciales de lo que nuevo que están imaginando. Ésta da seguridad de la utilidad de desarrollar los intensos trabajos que requiere pasar de la idea, al nuevo producto terminado.

La segunda es Mente Activa, lo que va más allá de tener una “mente abierta”, porque no se trata de entender lo que otro propone, sino de imaginar algo nuevo que responda efectivamente a las necesidades de su medio. Esta condición hace que los grandes pioneros, bombardeen con preguntas a empleados y a personas relacionadas con su negocio, sobre porqué se hace lo que les interesa, por qué se hace así, de qué otra manera se puede hacer, buscando no sólo dar respuesta a los problemas visibles, sino principalmente para hacer visibles los que no aparecen a primera vista.

La tercera es Inteligencia que se refiere no sólo a la habilidad para captar e interpretar la información que les interesa, sino también la voluntad de abstraerla para aplicarla a la identificación y solución de los problemas que les interesan.

La cuarta es la Confianza que se refiere a la conciencia de que sus habilidades son apropiadas para eliminar los obstáculos para alcanzar las soluciones que se propone. Aquí el autor distingue dos niveles de confianza: la que tiene en sí mismo para hacer con excelencia cada una de las tareas requeridas en la solución, y la general que se refiere a la habilidad para resolver los obstáculos de todo tipo que puede presentar la implementación de su solución a cada problema.

La quinta es ser Maestros de la Acción, que alude a ese 95 por ciento de transpiración que, según Einstein debe seguir al 5 por ciento de inspiración para alcanzar creaciones valiosas, es decir, que después de encontrar la respuesta sobre qué hacer, sigue la necesidad de detallar cómo hacerlo, imaginando el proceso y los instrumentos para crear el nuevo estado que su imaginación sugiere. En otras palabras, lo que hace la diferencia entre ser creativo y ser innovador.  

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