¿Perderá Francia la guerra que se libra en Irak?

Roberto Porta Có[email protected]

Al publicarse este artículo, es probable que la guerra en Irak esté en su etapa final y que Estados Unidos clame ya la victoria. Los perdedores no serán ni Saddam ni el pueblo iraquí. El primero porque gozó del poder por más tiempo del que se pudo imaginar, y el segundo porque cuando se vive tanto tiempo en la opresión, la indignidad y la pobreza, no queda mucho por perder. Irónicamente, el perdedor de esta guerra podría ser Francia.

Y es que por más que las protestas en todas partes del mundo nos recuerden los horrores de la guerra, no se pueden obviar dos realidades: que Saddam es un déspota y que Francia y Rusia tienen intereses mayoritarios en Irak. Si los miles que protestan en las calles creen que el interés real de Estados Unidos es el petróleo iraquí, deberían también echar un vistazo a los otros motivos que tenían estos países, particularmente Francia, para evitar la ocupación.

Desde que la ONU levantó algunas sanciones a Irak en 1996, las exportaciones francesas a ese país se han estimado en 3,500 millones de dólares, según un reporte del parlamento francés en septiembre pasado (firmas farmacéuticas, la empresa de telecomunicaciones Alcatel, la compañía de ingeniería Alstom, la industria de automóviles Peugot y Renault, entre otros). Durante la Feria de Comercio de Bagdad, en noviembre pasado, los puestos de venta franceses superaron con creces el número de puestos de otras naciones occidentales.

Las reservas petroleras iraquíes, calculadas en 100,000 millones de barriles, no pasaron inadvertidas por dos empresas francesas: Elf y Totalfina, que negociaron sendos contratos con el régimen iraquí a mediados de los 90, con el fin de asegurar la explotación de 20,000 millones de barriles al sureste de Bagdad, específicamente en los campos Majnoon y Nahr Omar.

Los motivos de Rusia para procurar la paz también parecen tener otro trasfondo. Hasta el año pasado, Rusia tenía 70 proyectos en Irak, 7 de los cuales giraban en el sector petroquímico y 14 en transporte y comunicación, lo que lo convertía en una fuente de 40,000 millones de dólares para Saddam y en su aliado comercial más importante. Cuando Irak canceló uno de los acuerdos de exploración petrolera en noviembre pasado, se especuló que lo hacía para presionar a Moscú a mantener firme su posición de veto ante la propuesta de guerra. Si así fue, la presión funcionó, pues Rusia consolidó su posición de veto a la propuesta estadounidense y el contrato fue revalidado.

¿Por qué decir que Francia, particularmente, es el perdedor de esta guerra? Porque, además de que sus intereses económicos estarán irremediablemente alterados cuando el humo se disipe, su estrategia moralista al tratar de impedir la guerra en el Consejo de Seguridad habrá sufrido un serio revés.

En 1974, mucho antes de ascender a la presidencia, Jacques Chirac facilitó la venta multimillonaria de dos reactores nucleares al entonces vicepresidente Saddam Hussein, lo que le ganó entonces el mote de “Jacques Irak”. Luego, durante la guerra contra Irán, en los años 80, Francia suplió de aviones Mirage y antimisiles Exocet a Saddam, además de facturarle cerca de 25 mil millones de dólares en armamento general. ¿Dónde estaban las protestas pacifistas entonces? ¿Por qué Francia se lucraba entonces de un conflicto bélico en vez de intentar evitarlo con la vehemencia de hoy? Armado hasta los dientes, Irak logró doblegar a su vecino del este y más tarde invadió Kuwait. ¡Quelle honte!

Estados Unidos evadió una clara derrota diplomática en el Consejo de Seguridad, y recurrió a la realpolitik como respuesta a la oposición de Francia y demás países. Guste o no, la victoria militar podría convertirse en una inesperada victoria moral si se descubren armas letales en las ruinas o cuando los medios de comunicación desvíen eventualmente su atención a otras noticias. Francia habría perdido la guerra.

En Nicaragua, es natural compartir la angustia de los padres que tienen hijos en este conflicto y la esperanza de verlos regresar a salvo. Empero, la subjetividad emocional no debe nublar la capacidad para reconocer que cuando alguien se enlista voluntariamente en cualquier armada del mundo, queda implícito que no sólo recibirá los beneficios de esa decisión, sino todas las responsabilidades derivadas.

Como posdata, se fustiga al Presidente por declarar legalmente en nombre de Nicaragua su apoyo a la iniciativa estadounidense. ¿Se ha fustigado igualmente a un diputado de la oposición por enviar —no sólo su comprensible apoyo a la paz— sino un mensaje de solidaridad con Saddam Hussein en nombre de todos los nicaragüenses?

El autor es catedrático de Ciencias Políticas

en la Universidad Thomas More  

Editorial
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