El vicepresidente ante su cargo y su partido

José Rizo Castellón

Bastante se ha escrito y hablado sobre el tema de mi posición como Vicepresidente de la República; sobre mi relación con el Presidente y mi relación con mi partido. Por la importancia del cargo creo necesario que mis compatriotas comprendan lo que piensa el Vicepresidente de la Nación.

Fui electo Vicepresidente con la misma cantidad de votos y con el mismo programa de gobierno que el ingeniero Bolaños, lo cual significa que ambos contrajimos un compromiso de servicio con nuestros electores y con todos los nicaragüenses sin excepción. Pero las responsabilidades de uno y otro son diferentes. El Vicepresidente no co-gobierna con el Presidente.

Como Vicepresidente soy parte del Gobierno y realizo las funciones que me asigna el Presidente y otras que me son delegadas mediante leyes o decretos. Mi relación con el Jefe de Estado la entiendo más próxima a la colaboración que a la subordinación.

Apoyo al Gobierno del cual formo parte. Eso no significa que haya estado o que siempre estaré de acuerdo con el Presidente. Es natural que tengamos a veces puntos de vista diferentes porque somos personas distintas.

En cuanto al partido, el PLC, he sido y sigo siendo miembro de este partido. Creo, quiero, me cuesta y apoyo al PLC. Lo anterior no excluye la validez de mis críticas sobre los graves errores cometidos y sobre la necesidad de una democratización en todos los niveles del mismo, sobre todo de la urgencia de convocar a elecciones de autoridades, en las cuales, sin presiones ni halagos, mediante el voto absolutamente secreto, con la participación de todos los electores y tendencias, y sobre todo sin exclusiones, los liberales elijamos a nuestros convencionales encargados de dar curso al proceso de renovación interna. Esa es la ruta que yo propongo para el reencuentro de la familia liberal.

Con ese espíritu, participé en la Gran Convención Extraordinaria del 23 de junio del año pasado en el Hotel Holiday Inn.

Ahora que se avecinan las elecciones municipales, el PLC no puede ir dividido a esa contienda ni tampoco permitir el triunfo del adversario. Ante esa realidad, quienes repudiamos las prácticas viciadas en la conducción del partido, nos volvimos a reunir en el Hotel Las Mercedes el 11 de enero pasado. Allí tomamos unánimemente la decisión de convertirnos en una corriente unificadora y democratizadora dentro del PLC.

La fortaleza del PLC es importante para mantener el equilibrio democrático y la gobernabilidad de Nicaragua. Es obvio que el PLC nos pertenece a todos sus miembros y no es patrimonio de una persona, ni de una familia, ni de un grupo de personas. Hay en él hombres y mujeres valiosos y honestos que pueden conducir al partido desde sus diferentes estructuras para llevarnos a una nueva victoria electoral y preservar en Nicaragua la democracia, la libertad, la justicia y la paz social.

No comparto ni apoyo estrategias para fracturar al partido, sino más bien propugno por la unidad urgente de todos los liberales, más urgente a medida que se avecina la próxima contienda electoral. Tampoco me sumo a la opinión de algunos de crear un nuevo partido político de tendencia liberal.

Sobre la decisión de declarar al PLC partido de oposición, opino que es un error y disiento de ella. No creo que esa decisión recoja el sentir de la gran mayoría de liberales. Reitero que como liberal creo en la libertad individual de cada persona de tener su propio criterio y disentir. Esto es válido tanto en la relación con mi Gobierno como en la relación con mi partido, el cual en sus principios y estatutos oficiales recoge este derecho y lo consagra.

En cuanto a la lucha contra la corrupción, nuestro partido ha debilitado su imagen ante la opinión pública, no porque se haya iniciado de parte de las autoridades una cacería de brujas, sino porque algunos liberales no actuaron correctamente. Esto ha sido un golpe muy duro a nuestros principios, a la moral pública y al orden institucional.

Creo en fortalecer al PLC sin represión contra los liberales que disienten de la cúpula; sin la imposición de candidatos; desarrollando amplias deliberaciones en el partido y sin que nadie se arrogue el derecho de sentirse propietario de un partido que pregona la renovación como la piedra angular de la libertad del ser humano. Esta es mi posición. La baso en mis principios y en el sentir de los nicaragüenses. Es el reflejo de un tiempo angustioso que exige rectificar el rumbo de las instituciones de Nicaragua.

El autor es Vicepresidente de Nicaragua.  

Editorial
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