Eduardo Marenco Tercero [email protected]
El nicaragüense de 19 años, Amílcar Hernán González Hernández, se incorporó voluntariamente al Ejército de Estados Unidos —“Army”— el pasado 11 de septiembre de 2001, cuando un ataque terrorista derrumbó las Torres Gemelas de Nueva York.
Desde julio del año pasado fue trasladado al desierto de Kuwait, donde se hallaba hasta ayer en las unidades de mantenimiento y conducción de tanques de guerra.
A comienzos de esta semana se comunicó con su mamá, a quien le contó cómo estaban viviendo, a sólo horas de que estallara la guerra: dejaron de dormir en tiendas de campaña para descansar dentro de los tanques, en el mero desierto, donde por las noches “hace mucho frío” y tienen poco acceso al agua para el aseo personal.
Al finalizar los estudios de “High School” (secundaria) en Miami, Amílcar no resistió las ganas de ingresar al “Army” y obtuvo el consentimiento de su mamá, Ana María Hernández, de manera que firmó cuando era todavía menor de edad.
Pero cuando fue llamado a incorporarse a los entrenamientos, casualmente el 11 de septiembre de 2001, recién había alcanzado la mayoría de edad el 17 de agosto de ese año.
Al inicio estuvo concentrado en el Estado de Georgia y luego fue trasladado al desierto de Kuwait.
Amílcar, como miles de jóvenes de su generación, ingresó al “Army” para cumplir su sueño de estudiar una carrera universitaria que le diera oportunidad de garantizar estabilidad y bienestar a su familia, explicó a LA PRENSA su hermana por parte de madre, Martha Cajina Hernández.
Su mamá, Ana María Hernández, residente en Miami, recibía ocasionales llamadas de su hijo hasta hace poco, pero desde hace semanas la comunicación la han mantenido mediante el correo ordinario, hasta cuando la guerra se hizo inminente.
La última comunicación telefónica se produjo a mediados de febrero, y el miércoles de esta semana, Ana María, madre del joven, llamó a su hija para contarle que las cosas habían cambiado para Amílcar, ya que “no tienen tiendas de campaña, están viviendo en los tanques en el mero desierto, hace mucho frío, y no tienen mucha agua para asearse”.
CON EL ALMA EN VILO
Martha explicó a LA PRENSA que inicialmente a su mamá no le agradó la decisión de que el joven se enrolara en el “Army”, pues ella deseaba que su hijo estudiara ingeniería o computación en la universidad. “Trató de disuadirlo, pero no resultó, ya su decisión estaba tomada”, relató.
“Mi mamá ha estado en constante angustia, y en este momento en que mi hermano está participando en esa guerra no ha dejado de llorar y de pedirle a Dios que le haga el milagro de regresarle a su hijo con vida, porque es muy difícil que un joven de 19 años, sin experiencia en acciones bélicas, pueda sobrevivir ante una guerra de tal magnitud”, comentó su hermana.
Ayer la Infantería de Marina de Estados Unidos, así como los soldados británicos, cruzaron la frontera de Kuwait hacia Irak, y han sostenido fuertes enfrentamientos con las tropas iraquíes.
Se desconoce si Amílcar es parte de las tropas enviadas al asalto o si permanece en la retaguardia, en Kuwait, debido a su falta de experiencia bélica.
Pero los nervios no ahogan el orgullo que su familia siente por Amílcar, a quien admiran por su valentía y coraje, así como por su voluntad de sacrificio. Su hermana se siente orgullosa de él y le pide a Dios por su vida a cada momento.
Las noticias del bombardeo de Kuwait con misiles iraquíes ha alarmado a su familia. “Vivimos con el corazón en la mano”, dijo su hermana.
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