Armagedón

Luis Sánchez [email protected]

Un lector de LA PRENSA me expresó su temor de que la guerra en Irak pudiera ser el comienzo del conflicto final del que se habla en el Libro del Apocalipsis, o Revelación de San Juan.

El lugar donde se debe librar la batalla final entre las fuerzas del mal y el bien, es Armagedón, dice mi amigo, un lugar localizado según él en Irak, entre los ríos Tigris y Eufrates, precisamente donde Dios creó el perdido Paraíso Terrenal.

En realidad, en el Apocalipsis se dice que en la visión de San Juan aparecen siete ángeles portadores de siete plagas en las siete copas del furor de Dios, y el contenido de una de ellas, la sexta, es derramado en las aguas del Eufrates.

Por esa mención del Eufrates es que mi amigo deduce que Armagedón está en el actual Irak.

Pero las otras seis copas son derramadas en seis lugares distintos, no sólo donde ahora es Irak: sobre la tierra, el mar, los ríos, las fuentes, el sol y en el aire.

Entre los derrames de la sexta y séptima copa, se dice en el Apocalipsis (16:14): “espíritus de demonios salían a reunir a todos los reyes del mundo para la batalla del gran día del Dios todopoderoso…” “Y reunieron a los reyes en el lugar que en hebreo se llama Armagedón” (16:16).

Armagedon (o Harmaguedon) significa en hebreo Cerro de Meguido, un histórico lugar donde se alza ahora la ciudad de Meggido, al sur de Nazaret. Allí, por sus características topográficas en la antigüedad se libraban las grandes batallas entre los ejércitos de Egipto que salían a contener a los invasores asiáticos.

Seguramente por eso, el evangelista Juan —quien escribió el Apocalipsis en la isla griega de Patmos donde se encontraba desterrado, en la época del emperador Tito Flavio Domiciano, o sea entre los años 81 y 97 después de Cristo— situó en Argamedón la reunión de los reyes del mundo para la batalla final.

Según algunos entendidos en bibliología, aunque comúnmente se atribuye al Apocalipsis una significación de catástrofe final; y no obstante que evoca de manera intimidante la ira de Dios, sin embargo es un canto poético de triunfo, de victoria definitiva de los justos, porque el fin del mundo es la esperanza en la vida eterna del más allá.

La apocalíptica es un género de literatura sagrada característico del judaísmo y del cristianismo, y describe de manera poética pero tremendista los acontecimientos que ocurrirán en el final de los tiempos, inmediatamente antes de la llegada del reino del Mesías. Y según los estudiosos, los fundamentos del Apocalipsis se encuentran en los libros de Daniel, Zacarías, Isaías, Enoc y Esdras.

En el Nuevo Testamento, aparte del Apocalipsis propiamente dicho, los expertos identifican elementos apocalípticos en Mateo (Sermón del Monte de los Olivos); Marcos (“No quedará piedra sobre piedra”. “Una nación luchará contra otra, y pueblo contra pueblo. Habrá terremotos y hambre en diversos lugares; esto será el comienzo de los dolores del parto”). Y Lucas: “Entonces habrá señales en el sol, la luna y las estrellas, y por toda la tierra se angustiarán las naciones, asustadas por el ruido del mar y de las olas…”.

Yo pienso que la actual guerra en Irak no es el fin del mundo, como temen algunos, pero por si acaso creo que no sería malo que me agarraran confesado.  

Editorial
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