Rosario Montenegro Zeledó[email protected]
Se han vuelto recurrentes y yo diría, que hasta faltas de imaginación, las respuestas de algunos funcionarios públicos sobre los resultados de encuestas que les son desfavorables.
No hace mucho, un alto jefe policial dijo que no estaban participando en un concurso de belleza, cuando se le preguntó su opinión sobre los resultados de una encuesta en la que la institución de seguridad pública no salió tan bien parada.
Si mal no recuerdo —cuando los resultados les han sido favorables— las respuestas de los altos jefes policiales son de satisfacción y hasta de agradecimiento a la población por el reconocimiento a su labor.
“Ya fui alcalde, soy presidente, ya fui todo, qué más puedo ser”, respondió en una ocasión el ex presidente Arnoldo Alemán, después de conocer los resultados de una encuesta en la que la población hablaba muy mal acerca de su gestión. Breve y muy franca su respuesta, no le interesaba la opinión de la gente, ya había alcanzado la máxima magistratura y entonces: ¿para qué quería popularidad?
El caso más reciente. La última encuesta de Cid-Gallup reveló que el Presidente de la República, Enrique Bolaños, ya no cuenta con una opinión favorable de parte de la población, su popularidad cayó a menos cuatro.
Lo primero que a uno se le ocurre cuando mira estos resultados es que el mandatario —que desea ser recordado como el mejor presidente de Nicaragua— debe estar realizando un exhaustivo análisis para ver qué es lo que está pasando y así enderezar aquellos aspectos que le son posible, como su pensión, megasalarios…
Pero no, la respuesta de don Enrique fue descalificar los resultados de esta última encuesta, porque, según él, se había realizado de manera telefónica y quienes habían respondido eran “las sirvientas”.
Pese a los antecedentes que tenemos sobre las reacciones de otras figuras públicas, no podía dar crédito a lo que estaba escuchando. Para empezar porque es una mentira, la encuesta no fue telefónica, pero además tenía mucho tiempo de no escuchar la palabra “sirvientas”, pues en mi mundo les denominamos empleadas domésticas, entre otros términos menos peyorativos.
El mandatario me desconcertó, porque hasta donde yo tengo entendido un presidente debe gobernar para todos los habitantes de su país, independientemente si éstos son obreros, profesionales, campesinos, empresarios, técnicos, pobres, ricos y hasta para “las sirvientas”.
Y de eso estoy segura que el presidente tiene plena conciencia, pues recuerdo su hermoso gesto luego de haberse dado a conocer los resultados electorales, cuando ante sus partidarios se quitó la camisa roja, porque a partir de ese momento dijo dejaba de ser el candidato de los liberales y pasaba a ser el gobernante de todos los nicaragüenses.
También durante su campaña electoral se procuró el voto de los diferentes sectores, sin despreciar ninguno. De ello todavía recuerdo algunos de sus spots publicitarios en donde don Enrique pedía por igual el voto, que finalmente lo llevó a obtener la máxima magistratura de la nación.
Si a la hora del recuento de votos éstos se clasificaran y le diéramos un valor de acuerdo al sector de donde provienen, quizás a don Enrique se le tendrían que anular todos los votos de “las sirvientas”, ya que según su propio concepto y valorización, éstos no tendrían validez.