Este sábado 22 de marzo se celebra el Día Internacional del Agua, que fue instituido para sensibilizar a la población y los gobernantes del mundo acerca de la necesidad de aprovechar racionalmente el agua dulce y proteger las reservas del precioso líquido que hay en cada país y en el mundo entero.
En realidad, todo el 2003 es consagrado por la ONU como “Año Internacional del Agua Dulce”, a fin de que en este lapso se mantenga en primer nivel de la atención pública una campaña de concienciación de que no sólo el progreso sino la misma supervivencia humana depende del agua, un bien cada vez más escaso y caro pero que no se usa de manera adecuada; ni se respeta la obligación de asegurar que las necesidades de agua de las generaciones venideras sean satisfechas apropiadamente.
Según informaciones de organismos especializados de la ONU, unos 1,200 millones de personas no tienen actualmente acceso al agua potable, y 2,400 millones la consumen en condiciones insalubres, lo que provoca enfermedades que causan a su vez unas 3 millones de muertes cada año.
Agregan dichas informaciones que en el siglo 20 el consumo de agua se multiplicó por nueve. Sin embargo nunca como en el siglo pasado se contaminaron tanto los ríos, lagos y otras fuentes de agua dulce, mientras que las aguas subterráneas disminuyeron, los glaciares se han estado derritiendo por el calentamiento atmosférico, las lluvias se redujeron y en muchos lugares caen contaminadas por la polución ambiental.
Se estima que la ración indispensable de agua por persona, en los países desarrollados es de 20 litros diarios, pero por el derroche la cantidad que consumen realmente es de 240 litros cada día. En cambio en las naciones atrasadas y pobres como Nicaragua ocurre absolutamente al revés, pues la gente consume mucho menos agua que lo que necesita, gran parte de la población no tiene acceso a ella, y no pocos de quienes la tienen también la despilfarran.
Debido a lo valiosa, indispensable e inclusive vital que es el agua dulce —y al mismo tiempo un bien cada vez más limitado, mal usado y desigualmente distribuido— algunos filósofos internacionales de ésos que viven augurando escenarios catastróficos como el fin de la historia, el choque de las civilizaciones y las guerras del fin del mundo, aseguran que las próximas guerras no serán por hegemonías geo-políticas ni recursos energéticos, sino por el agua.
Tal vez sea una exageración para llamar la atención a que es necesario proteger el agua, pero ya hay problemas entre Estados fronterizos por posesión de fuentes hídricas. Inclusive, entre Nicaragua y Honduras está planteada ahora una controversia por las aguas del río Negro, en la frontera nica-hondureña.
En todo caso, es obligación de los gobiernos y la sociedad preservar el agua, servirse de ella racionalmente, almacenarla cuando llueve, reciclarla, y donde sea posible desalinizarla, aunque esto todavía es sumamente costoso y no está al alcance de países como Nicaragua.
Hace poco tiempo LA PRENSA publicó un documentado reportaje sobre las reservas de agua que hay en el país, en el cual se demostró que Nicaragua tiene las mayores reservas hídricas de Centroamérica, pero que se derrocha irresponsablemente y la mayor parte de las aguas dulces no se pueden utilizar por la contaminación en que se encuentran. De manera que es necesario invertir cuantiosos recursos económicos para limpiar las aguas de los lagos, lagunas y ríos nicaragüenses, y tomar medidas para que los depósitos y corrientes subterráneos no se sigan dañando.
Pero entre tanto no se obtengan los recursos para esa gigantesca obra, hay que proteger efectivamente lo que queda de agua potable, y usarla de manera responsable.
Al respecto las autoridades correspondientes deben tomar las providencias indispensables para la conservación de los humedales, que es uno de los objetivos fundamentales de la celebración del Año Internacional del Agua Dulce 2003.
Los humedales, como se sabe, son reservas de agua que hay al lado o cerca de los esteros, lagunas, arroyos, manantiales, ríos y corrientes subterráneas. Y además de ser reservorios de agua permiten el desarrollo de la vida humana, animal y vegetal, o sea que tienen una importancia esencial para la supervivencia humana. Por lo tanto hay que protegerlos celosamente.