Hijo de la cooperación internacional

Cirilo Otero [email protected]

El Consejo Nacional de Planificación Económica y Social es un hijo de la cooperación internacional y no una solución a necesidades de los nicaragüenses.

Es de todos sabido que fue durante la realización del grupo consultivo para Nicaragua en Ginebra, Suiza, en febrero:1998, en donde le sugirieron al actual mandatario, Vicepresidente en ese momento, que Nicaragua debía tener un espacio de diálogo permanente, un espacio de concertación y de relación cercana entre la sociedad política y la sociedad civil.

Precisamente por esto, es que la Administración Alemán (1996-2001) se apresuró a crear el ya famoso Conpes, y presentar al país como si estaba dialogando y entendiéndose. El Conpes debutó en el grupo consultivo de Washington y en el de Estocolmo, Suecia, en el marco de la oportunidad ofrecida por el huracán Mitch. Pero, como todo gobierno autoritario y centralista —la administración Alemán— diseñó un formato jurídico nada representativo, ni participativo. Por el contrario, el decreto creador del Conpes lo define como una instancia de consulta del Presidente de la República, con opción este último, a considerar o no lo propuesto por el organismo colegiado. Pero, además, el gobierno liberal en su diseño del Conpes seleccionó a quienes deseaba ver en esta instancia. Cuando digo a quiénes, me refiero a organizaciones y personas específicas. Fue el mandatario de ese momento, quien dijo quiénes, cuándo y de qué manera debían estar en el Conpes.

Me parece, que es precisamente este origen, lo que más complica la propuesta de reformas constitucionales nacidas subterráneamente en alguna sala de la antigua “Casa de la Presidencia”, hoy conocida como Salón Rigoberto Cabezas. Este origen, es lo que permite que las propuestas del Conpes no tengan legitimidad alguna.

Desde su creación el Conpes se destacó como una instancia para-gubernamental elitista y carente de consulta con sus aparentes representados. Y, no solamente porque los delegados sean inconsultos o poco beligerantes. Si no, porque a nadie en el país le pareció que en el Conpes podían darse las conversaciones necesarias para producir entendimiento entre la clase política y la sociedad civil. Por el contrario, sobraron la voces que señalaban que el Conpes servía únicamente para la fotografía y la venta de ejercicio democrático en el exterior. Recuerdo por lo menos dos asuntos que el Conpes ha hecho sugerencias y nunca le han puesto atención: los Presupuesto General de la República (2001, 2002, 2003), y la Estrategia Reforzada con Crecimiento Económico y Reducción de la Pobreza (ERCERP), para ambos asuntos han habido muchas sugerencias, críticas, observaciones, y siempre al final se ha hecho lo que el equipo técnico y de estrategias de la Presidencia ha decidido hacer.

Hoy con las famosas propuestas de transformación y reformas institucionales lo que veo es que al Conpes le han dejado el trabajo sucio. Lo que no se atreven a decir, ni hacer los políticos y gobernantes, se lo dejan a la instancia que tiene el mote de representación de la sociedad civil, para que se meta en el pleito y lucha de poder, espacio que no está trabajado por esta instancia, debido principalmente por su ausencia de legitimidad y representatividad. El Conpes no consulta, no informa, no incluye, no es participativo. En el Conpes se ha creado una suerte de “diputaditos” que deliberan pero, que no inciden, ni transforman la realidad del país.

Nicaragua necesita de varios Conpes, pero, con participación ciudadana, no con estructura de asamblea de partidos políticos, sino como una instancia en donde puedan iniciarse las negociaciones y los entendimientos de los sectores y de los actores sociales. Deben haber Conpes en cada municipio, en cada departamento y debe haber una línea conductora de comunicación y de relación para atender las verdaderas demandas de la población. Nicaragua necesita educación, salud, vivienda, seguridad ciudadana, transporte, trabajo, seguridad alimenticia. Estos son los asuntos que el Conpes debería estar discutiendo y proponiendo soluciones.

El autor es sociólogo e investigador.  

Editorial
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