El traje típico de Masaya es lucido por esta pequeña muñeca de estantería que forma parte de la nueva oferta artesanal que se comercializa en Nandasmo. (LA PRENSA/M. Esquivel)

Artesanías con valor agregado

María Antonia López yMiguel Flores [email protected] La labor artesanal no tiene límites en la creatividad y los pequeños talleres familiares del Oriente del país son un bastión de ingenio que día a día aumenta más su potencial, cada vez con una visión hacia los mercados exteriores. Esta vez el colorido y el conocimiento se han […]

María Antonia López yMiguel Flores [email protected]

La labor artesanal no tiene límites en la creatividad y los pequeños talleres familiares del Oriente del país son un bastión de ingenio que día a día aumenta más su potencial, cada vez con una visión hacia los mercados exteriores.

Esta vez el colorido y el conocimiento se han mezclado con el acervo cultural y una nueva forma de obtener ingresos, aunque éste al parecer todavía no es un trabajo altamente reconocido.

Son muy pocos quienes se dedican a la confección de “muñecos vestidos”, ni siquiera tienen nombre específico, pero sí un alto significado y un precio que probablemente no es totalmente recompensado.

Se trata de pequeñas figuras que toman la forma de mujeres ataviadas con los trajes típicos de cada uno de los departamentos del país, en una gama de muñecas de estantería, de al menos unas ocho a diez pulgadas que son laboriosamente elaboradas por manos femeninas y masculinas, clavadas sobre una pequeña base de madera redondeada.

“Es como estar jugando, hacer los vestiditos tan pequeños en la máquina, y aplicar los adornos”, con las manos se deben hacer detalles como los “chischiles” que llevan los reconocidos personajes de la tradicional danza de El Güegüense, según explicó Ingrid Salazar, artesana de Nandasmo, Masaya.

Señaló que este tipo de trabajo solamente se hace por encargo, ya que es muy minucioso y requiere de al menos una semana para hacer la serie de seis, es por eso que el precio de venta es superior por cada ejemplar con respecto a otro tipo de artesanías.

En el caso de El Güegüense, se hace una colección de seis piezas cada una valorada en 200 córdobas, ese precio debe cubrir el gasto de materiales en telas, madera de pochote, pintura y accesorios.

Aunque dependiendo del tamaño del ejemplar así sube el precio, como es el caso de la popular Gigantona, que mide entre 15 a 16 pulgadas y su precio oscila entre los 300 y 350 córdobas.

Ingrid indicó que al menos en este pueblo solamente su familia confecciona este tipo de estatuillas, desde que su madre aprendiera de otra señora que habitaba en Diriamba, Carazo.

Pero también este producto, que se mueve muy poco en el mercado, no es promocionado por sus hacedores, ya que las experiencias en ferias no han sido muy gratas, y tampoco cuentan con una distribución continua en los puestos de artesanías y es por ello que mientras no fabrican los muñecos se dedican a realizar otras piezas de cera como vírgenes y santos.

PROMUEVEN EN COSTA RICA

Pero no todos corren la misma suerte, el Grupo Raíces, de la Asociación de Artistas y Artesanos de Nicaragua participó con apoyo del Instituto Nicaragüense de la Pequeña y Mediana Empresa (Inpyme), en la sexta expoventa realizada en San José, Costa Rica, donde lograron vender unas 1,600 piezas, dijo Silvia Torres Araica, presidenta de la agrupación.

La venta de estas artesanías les generaron ingresos equivalentes a unos 25 mil dólares, además de establecer contactos para nuevas exportaciones, como el contrato de venta que deberán cumplir por 10 mil dólares a un empresario costarricense quien se encargará de trasladarlo hacia San Diego, California.

Entre las piezas vendidas, habían figuras trabajadas en marmolina procedentes de San Juan de Limay, la cerámica utilitaria de Ducualí, y otras decorativas, así como productos elaborados con hoja de pino.

VISITA DE ALTO NIVEL

Más de 18 cónsules honorarios en Centroamérica, Europa y América Latina visitaron recientemente la “Ciudad de Las Flores” (Masaya), para observar y recabar información sobre los productos artesanales que se fabrican en el Departamento y así promoverlos en los diferentes países donde representan a Nicaragua.

Miriam Fonseca, directora del área consular del Ministerio de Relaciones Exteriores, dijo que la idea es que conozcan los productos artesanales que aquí se fabrican, recabando información para buscar una apertura de mercado.

Daisy Semadeni, cónsul honorario en Suiza, manifestó que participa en diferentes ferias en Suiza promocionando la artesanía nicaragüense sobre todo la de Masaya con sus sillas, hamacas, cuero, etc.

Alvaro Orozco, cónsul honorario de Panamá, agregó que “llevo información de ciertos comerciantes de Masaya para ofrecerlos a los panameños. Por ejemplo, yo conozco a un señor que vende artesanías en Santiago y está interesado en tener productos de cerámica, jícaros y hamacas que se producen en el departamento”, especificó.

Oscar Suazo, representante de los artesanos de Masaya, solicitó a los cónsules apoyen a las pequeñas y medianas empresas, para convertirlos en el pequeño motor de la economía nicaragüense.  

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