La agricultura nicaragüense y las negociaciones con el TLC con EE.UU.

José Antonio Poveda Salvatierra La agricultura nicaragüense fue, por varias décadas, un sector sumamente vigoroso dentro del crecimiento de largo plazo, que tuvo la economía nicaragüense. Sin embargo, su dinámica empezó a agotarse en parte debido a la imposibilidad para poder construir, a pesar de los éxitos, un sector bien integrado. Desde hace más de […]

José Antonio Poveda Salvatierra

La agricultura nicaragüense fue, por varias décadas, un sector sumamente vigoroso dentro del crecimiento de largo plazo, que tuvo la economía nicaragüense. Sin embargo, su dinámica empezó a agotarse en parte debido a la imposibilidad para poder construir, a pesar de los éxitos, un sector bien integrado. Desde hace más de 20 años pesan como lastres la falta de inversiones suficientes en irrigación e infraestructura de carretera, comunicaciones, sistemas modernos de almacenaje y embarque, etc. La ausencia de un marco institucional propicio y la crisis fiscal del Estado agravan la situación, a partir de la crisis algodonera de Occidente en el país.

La crisis agrícola de Nicaragua puede convertirse en desastre. Existe todo un nudo de elementos adversos que gravitan en esa dirección. La ausencia de agentes sociales y privados que realicen las inversiones necesarias, las altas tasas de interés bancarios son, entre otros, los problemas que integran el complejo nudo del campo agrícola nicaragüense: en este contexto, la inminente puesta en marcha de semillas mejorada, el más reciente programa de apoyo gubernamental al sector agrícola, no introduce ningún elemento radicalmente distinto. En suma: las soluciones no están a la vista.

Existen problemas adicionales: a la apertura comercial en vigor desde hace algún tiempo, debe sumarse la exportación a la agricultura estadounidense que es, con mucho, la más grande, productiva y la mayor potencia exportadora del mundo, y además altamente proteccionista. Distintas políticas de fomento productivo, comercialización y de exportaciones obligan a realizar análisis adicionales. La importancia política y social de este sector productivo en Nicaragua debe ser sopesado con un cuidado extremo, además de ser muy importante para la economía del país. En el caso de Estados Unidos estos elementos son radicales diferentes.

Para la agricultura nicaragüense parece que lo peor llegó en los momentos más inadecuados. Este sector económico tiene que enfrentarse a un doble reto. De una parte, no está clara su perspectiva en el orden interno. Tal es el saldo de varias décadas en declive productivo y de productividad, una política de inversión pública errática e inversión privada casi al niveles mínimos. De una trayectoria de insuficiencia alimentaria con exportaciones esporádicas, Nicaragua es hoy uno de los países con un alto déficit en su sector agrícola, particularmente en la producción de alimentos para su población. El sector se encuentra ahora en una incertidumbre enorme. Su debilidad interna es manifiesta y públicamente reconocida, su situación es precaria con un futuro impredecible. Es en este contexto en la que sepresenta un elemento importante a considerar, referido al cambio tan drástico del papel del Gobierno se constituía en el eje fundamental para el fomento y apoyo de la producción agropecuaria, ya fuera como inversionista directo o como responsable de la infraestructura hidráulica, los créditos blandos o los insumos como agua, semillas mejoradas y fertilizantes. La interdependencia comercial de productos agrícolas entre Nicaragua y

Estados Unidos es marcadamente asimétrica. Aunque la importancia relativa de estos rubros de intercambio sean menos significativos para Estados Unidos, de todas formas tienen cierta importancia de carácter regional y para algunos cultivos. Para Nicaragua, el estadounidense es el principal mercado de exportación y tiene el mismo rango como fuente de abastecimiento de sus importaciones agrícolas.

Hay que mencionar como acciones de transformación en el campo las siguientes:

– La desregulación y simplificación administrativa en las instituciones de atención al campo.

– La adecuación del régimen de propiedad en el campo para fortalecer la iniciativa y la autogestión de los productos rurales.

– La racionalización del esquema de pagos agropecuarios.

– El desarrollo y fomento de un esquema moderno de comercialización de productos agropecuarios.

– La apertura comercial en el sector agropecuario, para impulsar la modernización creciente en las áreas en las que existen ventajas comparativas, teniendo en cuenta nuestras circunstancias particulares que actualmente vivimos.

– El establecimiento de programas de combate a la pobreza en las zonas rurales.

Es un hecho conocido que el sector agrícola estadounidense enfrenta una profunda reestructuración, complicada por la limitada capacidad del mercado mundial para reaccionar a cambios en la oferta y demanda. Esto ha conducido a agudos ajustes en precios y producción tanto en Estados Unidos como en los países ligados al mercado mundial.

Estados Unidos es el principal exportador agrícola en el mundo. La agricultura estadounidense cuenta con una gran cantidad de programas de apoyo y protección.

El autor es vice decano de la Facultad de Derecho. UNAN-León.  

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