- Grandes beneficios económicos, réditos de la intervención, estima analista
Isaac BigioEspecial para LA PRENSA
LONDRES.- Las potencias angloparlantes irán a la guerra que con menos apoyo interno e internacional habrán librado.
Sólo 2 de los restantes 13 miembros del Consejo de Seguridad les garantizaron soporte. Reacios a la guerra están los 4 poderes continentales euroasiáticos (Francia, Alemania, Rusia y China), la mayoría de los países, muchos de sus aliados tradicionales, y el grueso de la opinión pública internacional. Ésta podrá ser declarada ilegal; las inevitables muertes de civiles iraquíes conllevarán a que se acuse a los líderes atacantes en la Corte Penal Internacional.
Bush y Blair anhelan una guerra rápida, con pocas bajas y marchando sobre masivas rendiciones de tropas iraquíes. Ansían ser recibidos como “liberadores” y así poder legitimarse. Controlando Bagdad podrían aminorarse la dependencia del petróleo saudita, abaratar el precio internacional del crudo y tener más acceso a los principales yacimientos del Mar Caspio y el Golfo Pérsico. Washington calcula que se podrían ir “liberalizando” Irán y las petro-monarquías árabes, y que se obligaría a los palestinos a aceptar una suerte de Estado.
La confrontación militar contra Hussein es también una guerra de posiciones frente a la “vieja Europa” y Naciones Unidas. Al principal foro global de países y al resto de potencias el mensaje es claro: vivimos en un mundo hegemonizado por una hiper-potencia, la misma que está por encima de toda instancia y que tiene la potestad de salvaguardar los frutos de su victoria en la Guerra Fría. A los antiguos imperios ultramarinos —portugués, español y británico— se les ofrece la posibilidad de revitalizarse siguiéndolo.
Francia, Alemania, Rusia y China temen el fin del equilibrio mundial basado en la multi-polaridad, y porque se provoque violencia y protestas populares. Hussein apuntará a resistir en guerras urbanas o provocando a Israel. Si la guerra se demora y es sangrienta podrían socavarse algunos de los gobiernos atacantes.
Blair pasa por su mayor crisis y podría acabar cayendo. Robin Cook, líder de la Cámara de los Comunes, ha renunciado al gabinete. Entre un tercio y la mitad de los parlamentarios laboristas se aprestan a votar contra su gobierno en la mayor rebelión parlamentaria oficialista de la historia británica.
(El autor es analista internacional graduado en la London School of Economics).