Dr. Erwin A. Aguilar Gá[email protected]
En las ediciones del sábado 8 y domingo 16 de febrero de 2003, “LA PRENSA” publicó artículos sobre las reformas a la Ley 292 (Ley de Medicamentos y Farmacias) que pretenden eliminar la figura del regente farmacéutico en una farmacia y crear la “venta social de medicamentos”, por lo que el Colegio de Farmacéuticos ha protestado con sobrada razón.
La función del farmacéutico es indispensable en una farmacia. El farmacéutico es el profesional de referencia en todos los asuntos farmacológicos para los médicos, pacientes y el público en general. El pensar en una farmacia sin la dirección de un farmacéutico, es como creer que un hospital puede funcionar sin médicos o que la Corte Suprema de Justicia no esté constituida por abogados. Las reformas a las leyes se hacen para beneficiar a la sociedad y no para ponerla en peligro.
Si se considera que vender medicinas es como vender caramelos es un error. Si bien esto ha sido una de las tantas tristes realidades de Nicaragua, no se justifica, que se tenga que legislar para legitimizar los errores del pasado y poner en manos de personas sin capacitación un asunto tan delicado.
Paracelso, médico y farmacéutico, (1493-1541) dijo que “todas las sustancias son venenos, es tan sólo cuestión de la dosis”. Esto nos hace pensar que tanto los llamados medicamentos esenciales, genéricos, de marcas, o populares son venenos y no deben ser manejados por la falta de escrúpulos, por la imprudencia, por la ignorancia o por los intereses económicos y políticos. En el siglo XXI la ciencia ha marcado a la humanidad con sus beneficios. No se puede regresar el calendario y volver al oscurantismo. La época nihilística terminó con la penicilina.
El farmacéutico, puede preparar y dispensar las medicinas a los pacientes, comprender, entender, clarificar y procesar la receta del médico y discutir las contraindicaciones de las medicinas prescritas, si así fuere el caso. También puede aconsejar al paciente sobre los beneficios y las posibles reacciones colaterales de las mismas. Por otra parte, puede alertar al paciente sobre las posibles interacciones de los diferentes medicamentos que a diario tiene que tomar. Asimismo, es el punto de referencia para los profesionales de la salud en todo lo relacionado a los fármacos, interacciones, dosis, etc.
El farmacéutico, conoce los principios y la práctica de la farmacología, la composición, las propiedades, las características e interacciones de los fármacos. La carrera de farmacia tiene un curriculum muy exigente y está diseñado para formar profesionales capaces de dar cuidado farmacéutico a los pacientes, desarrollar y manejar la distribución de las medicinas y los sistemas de control, promover la salud pública y proporcionar información y educación sobre los fármacos.
El farmacéutico estudia la química farmacéutica, ciencia que hace énfasis en la aplicación de las ciencias químicas a la farmacia. Esto le da capacitación sobre la pureza y la concentración del principio activo en un producto. También estudia farmacognosia que implica la naturaleza y las fuentes de las drogas naturales obtenidas de plantas o animales en forma directa o indirecta. Asimismo, estudia farmacología y con estos fundamentos sabe y comprende la absorción, distribución, mecanismo de acción, indicaciones y metabolismo de las drogas cuando son ingeridas por los humanos y los aspectos toxicológicos. Los médicos saben mucho sobre farmacología y toxicología, pero, como el farmacéutico es el experto en drogas, éste tiene que mantener los conocimientos actualizados para servir como consultante inmediato del médico en caso de conflictos. A nivel de comunidad el farmacéutico tiene una serie de responsabilidades que no sólo incluyen el procesar las recetas médicas, sino que mantener archivos de los pacientes y aconsejarlos.
El legislar que la figura del farmacéutico sea eliminada de las farmacias y crear la “venta social de medicamentos” en zonas alejadas, no controlada por farmacéuticos, pone en peligro la salud de la población.
Lo que se debe hacer es reformar las leyes y hacer que todos los ciudadanos, sin importar donde viven y ni su condición socioeconómica, tengan acceso a los servicios de salud, bajo un estricto control profesional de las medicinas que necesiten receta médica y dirección farmacéutica. Sólo basta recordar que la definición misma de salud no quiere decir la simple ausencia de enfermedades, sino que el bienestar físico, mental y social del individuo.
El autor es director de Investigación Clínica, Facultad de Medicina/Nefrología, Louisiana State University Health Sciences Center, Nueva Orleans, Luisiana, EE.UU.