Dr. Carlos Eduardo Bonilla
En la edición del martes 4 de marzo del 2003, se publicaron unas declaraciones del Dr. Sergio Cuarezma (“Estamos manos arriba ante la seguridad privada”), que contradicen la realidad que a diario se vive en Nicaragua.
Si se necesita una seguridad privada es porque el país lo demanda, pues la criminalidad ha ido en ascenso desde que el sandinismo desbarató la moralidad y estableció la enseñanza de cinismo; desde que creó guerras y ejércitos de niños para que los nicaragüenses se matasen entre ellos mismos; desde que confiscó, hurtó, robó, vilipendió, creó turbas y se enmarcó políticamente dentro de la mal llamada justicia que hoy asoma sus tentáculos con la podredumbre que los rodea.
El doctor Cuarezma califica a la Policía Nacional de resguardadora de las garantías constitucionales del pueblo, pero hoy el más claro ejemplo de lo que la Policía ejerce como cuido de la ciudadanía es la niña a punto de perder su pierna.
La seguridad privada cubre lo que la Policía está obligada constitucionalmente pero no puede (o no quiere). Imagínese a la Policía cuidando las centenares de sucursales bancarias, los miles de negocios, embajadas, ONG, edificios, almacenes, centros comerciales, autolotes, etc.
Aquí nadie se siente manos arriba por quienes vigilan y guardan la seguridad y la propiedad de las personas en múltiples lugares del país. Manos arriba y sin piernas nos tienen quienes no pueden controlar a un vago con un mortero que se ensaña contra los bienes del doctor Cuarezma y míos, y de todo el pueblo de Nicaragua. Manos arriba tienen a Nicaragua los que sueltan a narcotraficantes, los que no tienen la capacidad de mandar a la cárcel a los “quiebrabancos”.
El doctor Cuarezma debería preocuparse por defender, como catedrático, el imperio de la ley, no en congraciarse con esta Policía, que ya se sabe a quienes defiende. Las instituciones de iniciativa privada tienen derecho de formarse, armarse con armas convencionales y no de guerra, que no las venden a movimientos terroristas. El doctor Cuarezma debería dedicarse como catedrático a llevar ideas positivas a sus alumnos y no buscar protagonismo político y demostrar una clara desinformación de lo que sucede en esta corrupta sociedad.