México, en fuego cruzado de Bush y su opinión pública

Marcela Sánchez WASHINGTONPOST.COM.-El presidente George W. Bush ha decidido ponerle sordina a su campaña reelectoral hasta cuando la anticipada guerra en Irak termine. Sólo un pequeño grupo de estrategas trabajará hasta entonces tras bambalinas en el ambicioso proyecto de recolectar una suma sin precedente de fondos de campaña para convertir al Partido Republicano en el […]

Marcela Sánchez

WASHINGTONPOST.COM.-El presidente George W. Bush ha decidido ponerle sordina a su campaña reelectoral hasta cuando la anticipada guerra en Irak termine. Sólo un pequeño grupo de estrategas trabajará hasta entonces tras bambalinas en el ambicioso proyecto de recolectar una suma sin precedente de fondos de campaña para convertir al Partido Republicano en el partido mayoritario del siglo 21.

Ya quisieran algunos, como el viejo amigo de Bush, el presidente mexicano Vicente Fox, tener la opción de bajar la voz, al menos por ahora, y cantar victoria más tarde.

Pero para Fox el día decisivo —su Día-D en Irak—llega en un momento político mucho más arriesgado. Como actual miembro del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, México tal vez tenga que votar para respaldar a Washington, y en definitiva a la guerra, o permitir que Bush quede sin el apoyo internacional para una invasión liderada por Estados Unidos.

La decisión será particularmente difícil para Fox cuyo país es el más atado económicamente a Estados Unidos entre los miembros del Consejo de Seguridad. Es a Estados Unidos a donde México exporta el 85 por ciento de sus productos, pero es en México donde algunas encuestas indican que un 85 por ciento de la población se opone a la guerra en Irak.

La decisión de Fox tendrá entonces repercusiones políticas internas ineludibles a sólo cuatro meses de las elecciones legislativas claves para el futuro de su partido y su habilidad para gobernar.

En México este asunto se ha hecho tan sensible desde el punto de vista político que lo mejor que Washington podría hacer para ayudar a Fox sería no hacer nada en absoluto —al menos públicamente. Pero Washington no ha resistido la tentación de enviar delegados a que le tuerzan el brazo a Fox, o de utilizar el primer discurso oficial de su nuevo embajador para pedirle a México que demuestre su amistad apoyando la posición de Estados Unidos en Irak.

La razón es simple: Washington se rehúsa a reconocer que Fox enfrenta un dilema. Funcionarios estadounidenses descartan lo que un voto a favor de Estados Unidos en la ONU pueda costarle políticamente a Fox sobre todo en las próximas elecciones.

Parece que en su nueva estrategia de seguridad, la administración Bush no tiene tiempo para considerar los aprietos internos de sus amigos en su afán por derrotar a sus enemigos. Que las dos naciones puedan ver el dilema de México en forma tan distinta es la última muestra del distanciamiento diplomático que puede ocurrir entre vecinos y amigos cuando sus prioridades cambian.

Si así están las cosas, Fox haría bien en seguir el ejemplo estadounidense y empezar a cuidar sus propios intereses. Y si eso significa votar en contra de Estados Unidos en la ONU, que así sea.

Con ese voto Fox podría al mismo tiempo silenciar a su oposición y ayudar a fortalecer su partido. Se mantendría además fiel a la orgullosa tradición pacifista mexicana y demostraría liderazgo e independencia en política exterior, los mismos que lo llevaron a aspirar a una silla en el Consejo de Seguridad para México después de décadas como espectador.

Además, si un voto opuesto al sentimiento mayoritario en México escasamente influirá en las elecciones mexicanas en cuatro meses, como argumentan funcionarios estadounidenses, un voto en contra de Estados Unidos no debiera tener mayor efecto acá —especialmente si la decisión de Estados Unidos de ir a la guerra ya no depende de lo que pase en las Naciones Unidas, como lo ha sugerido Bush.

Funcionarios estadounidenses y algunos en México esperan, sin embargo, que Fox no desaire a Estados Unidos. Le podría costar mucha buena voluntad en este país. Si los ataques terroristas del 11 de septiembre estancaron la agenda bilateral, mucho más podría perderse si la negligencia se transforma en animosidad.

-Algunos hablan de posibles represalias económicas y comerciales, y existe incluso la posibilidad de una reacción anti-inmigrante. Eso sería especialmente penoso para Fox. La reforma migratoria iba a ser la piedra angular en su plan de transformar las relaciones entre los dos países vecinos, especialmente con Bush en la Presidencia.

Los ataques terroristas no sólo cambiaron eso sino que todavía hoy mantienen un alto nivel de incertidumbre en este país, agudizado ahora con la guerra. En ese ambiente los inmigrantes son un blanco fácil.

Irónicamente, la última ola anti-inmigrante, reflejada en iniciativas de referéndum en California a mediados de los 90, convirtió a muchos inmigrantes residentes en ciudadanos y votantes. El Partido Republicano, que lideró la arremetida contra esos inmigrantes, lo pagó caro en las urnas en el Estado más poblado del país.

Algo así podría pasar nuevamente. Y eso sería algo que Bush y su campaña de reelección deberán considerar —después de la guerra, por supuesto.

La decisión (de votar a favor de la guerra en Irak o no) será particularmente difícil para Fox cuyo país es el más atado económicamente a Estados Unidos entre los miembros del Consejo de Seguridad. Es a EE.UU. a donde México exporta el 85 por ciento de sus productos, pero es en México donde algunas encuestas indican que un 85 por ciento de la población se opone a la guerra en Irak   

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