Maryórit Guevara G. [email protected]
El dolor, la humillación y el maltrato no fueron suficientes para vencer a Teófila Torres —campesina y partera originaria de la comunidad El Quebrachal, en Matagalpa—, quien después de sufrir la violencia de sus padres y su marido por más de 30 años, es hoy líder defensora de los derechos de la mujer.
A simple vista parece cansada. Su piel morena está maltratada por el paso del tiempo y por los golpes de la vida, además, por el inclemente sol que cae sobre su espalda cuando trabaja la tierra.
Con emoción, Torres relata su historia, porque considera que muchas mujeres del campo y la ciudad están viviendo lo que ella pasó, y que su tarea es ayudarlas a salir de esa “oscuridad”.
VIDA DE GOLPES
El paso del tiempo y los cambios en su vida no han logrado que Torres olvide los años de marginación y maltrato que sufrió por parte de su marido, con quien huyó de su casa cuando ella tenía 13 años, y con quien procreó 12 hijos.
“Me fui de mi casa porque mis padres me maltrataban. A mi papá nunca le gustó que mis hermanas y yo estudiáramos, y sólo nos mantenía trabajando en la tierra. Él decía que el estudio para nada nos iba a servir”, expresó.
Pero la huída no mermó las heridas físicas y emocionales que llevaba, y, más bien, aumentó frustraciones a la vida de Torres.
“Yo creí que al hacerme de un hombre todo iba a ser mejor, pero vinieron más golpes. Recuerdo que una vez, cuando estaba embarazada, llegó borracho a la casa y me golpeó con un machete en la pierna”, dijo, mientras mostraba la cicatriz en su pierna derecha.
La violencia de su marido era, además de física, psicológica, porque le decía palabras soeces y la acusaba de infidelidad.
También le prohibía hablar con otras personas, salir de la casa y reunirse con otras mujeres. “A él no le gustaba nada de lo que yo quería hacer y decía que todo a lo que iba, era pura vagancia”.
ROMPIENDO EL SILENCIO
El maltrato constante jamás derrumbó a Torres, sino que la llenó de fortaleza para salir del mundo de dolor y humillaciones en que estaba hundida por su ignorancia.
“Mi madre nunca me dijo, esto podés hacer y esto no lo vas a hacer. De mi experiencia es que aprendí. Cuando me comencé a organizar y a estudiar vi que mi vida no iba bien, y me dije: Yo aquí estoy mal”, relató.
Entonces Torres trabajaba como partera para el Colectivo de Mujeres de Matagalpa, y fue allí, cuando otras mujeres conocieron su sufrimiento, que comenzó a recibir consejos.
Cuando cumplió 25 años aprendió a leer y escribir, pero su relación matrimonial comenzó a deteriorarse debido a las salidas frecuentes de la casa, que provocaban serias discusiones con su marido. Fue el inició del derrumbe de 20 años de matrimonio.
A su cargo quedaron los 12 hijos, algunos todavía pequeños. La mujer comenzó a trabajar en la tierra para mantenerlos, y hoy habitan en su casa 14 personas entre hijos, hijas, nietos y yernos. Les cuesta sobrevivir, pero ella dice que lo hacen con “libertad”.
“Yo rompí ese silencio y salí adelante, porque me sentía presa en una oscuridad. Me costó muchos años, y ahora me siento una mujer libre, no tengo límites, voy donde quiero, tengo cosas a mi nombre y reales en la bolsa, y antes dependía sólo de él”, indicó.
APOYANDO A OTRAS
Torres se dedica a ayudar a otras mujeres de diferentes comunidades, que sufren de violencia intrafamiliar, y dependen por completo de las decisiones de sus maridos.
Cada dos meses se reúne con 120 mujeres de las comunidades de Matasanos y El Quebrachal, a las que imparte charlas sobre planificación familiar, derechos y deberes, valor del trabajo de la mujer, y género, entre otros temas.
“Así como me pasó a mí, hay un montón de mujeres a las que les pasa y hay que ayudarlas a que salgan de esa oscuridad, yo no quiero que las marginen. A las que están llegando a las reuniones les estamos ayudando de poquito en poquito, en coordinación con el Colectivo de Mujeres de Matagalpa”, expresó.
Ha sido una tarea difícil, porque enseñarle a las mujeres los diferentes métodos de planificación familiar le ha costado algunas corridas de casas y que la hayan tachado como “pecadora”.
“Ya he tenido varios problemas con este trabajo, porque la Iglesia y los maridos les dicen a las mujeres que tiene que tener los hijos que Dios le mande, pero no importa, porque yo he logrado avanzar. De 10 partos que atendía antes por año, ahora son sólo dos”, comentó.
Además de reunirse con las mujeres de su comunidad, visita de casa en casa otras 14 comunidades atendiendo en total a más de 1,700 mujeres de Matagalpa.
Torres las orienta y también trata de ayudarlas a conseguir materiales para que mejoren sus viviendas, lleven luz eléctrica a la comunidad, agua potable, comedores infantiles, y para que puedan construir letrinas.
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