La historia se repite

Emilio Álvarez Montalván Como la historia se repite, sobre todo cuando se trata de errores, la declaración del CEN del PLC identificándose como “opositor” al Gobierno del Presidente Enrique Bolaños Geyer recuerda cuando el conservatismo granadino rechazó al Presidente Roberto Sacasa Sarria, quien era de su partido, y empezó a conspirar contra él. La explicación […]

Emilio Álvarez Montalván

Como la historia se repite, sobre todo cuando se trata de errores, la declaración del CEN del PLC identificándose como “opositor” al Gobierno del Presidente Enrique Bolaños Geyer recuerda cuando el conservatismo granadino rechazó al Presidente Roberto Sacasa Sarria, quien era de su partido, y empezó a conspirar contra él.

La explicación de tan absurda posición era el obsesivo localismo prevaleciente, ya que el doctor Sacasa nació en Occidente (Chinandega) y rehusó ser incondicional a la elite política de Oriente, escogiendo a sus colaboradores sin consultarles. En cuanto a que Sacasa fue repudiado por haberse reelecto, me atengo al criterio ilustrado del doctor Carlos Cuadra Pasos, quien sostuvo que no fue reelección la del “Palomo”, pues su nombre fue desinsaculado al azar de una terna guardada reservadamente por el Ministro de Gobernación, para suceder al Presidente Evaristo Carazo, quien había fallecido. Ni siquiera fue electo Sacasa por la Asamblea Nacional, ya que su ascenso a la primera magistratura fue automática, como estaba previsto en el procedimiento en la Constitución de 1858.

Dado el repudio de su propio Partido, don Roberto no tuvo otra alternativa para gobernar que invitar a sus amigos y parientes leoneses, fuesen o no conservadores, a colaborar, aunque algunos eran liberales Entre ellos se coló temporalmente José Santos Zelaya, quien hábilmente manipuló las ambiciones de granadinos y leoneses, hasta que animando a unos contra otros se colocó en posición de asumir la Presidencia de la República.

El corolario de esa historia del siglo XIX, aplicable al siglo XXI, es de sobra conocido.

El Partido Conservador, por esa enconada lucha intestina no sólo fue incapaz de enfrentarse militarmente a su rival histórico, sino que le facilitó el triunfo al dividirse en dos pedazos. Conclusión: Partido que estando en la Presidencia se fragmenta, pierde el poder.  

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