José Leñero G.*
En columna anterior reproduje algunos párrafos de la sociedad postcapitalista de Peter Drucker, 1993, pero no sería fiel al contexto si no agregara otros conceptos que allí desarrolla.
“Mejorar la productividad de los trabajos de servicios tendrá requisitos revolucionarios, entre otros puede ser contratarlos afuera, especialmente los de mantenimiento, de apoyo y muchos de oficina… Razón de peso: en la alta dirección nadie los considera importantes, porque no están en la misión de la organización y ninguna de las personas que los ejecutan llegará a posiciones muy altas. Sin embargo en un hospital, por ejemplo, esos trabajos suman la mitad de sus costos totales…”.
“La mayoría de las mujeres que friegan pisos o tienden camas, continuarán en lo mismo dentro de quince años. Pero la vicepresidenta de una firma que hace esos servicios por contrato, que comenzó hace 14 años con balde y escoba, tuvo oportunidades de ascenso porque su firma tenía interés financiero en mejorar la productividad de esos trabajos, por lo que animaban a asumir liderazgo a personas que los conocían de primera mano. Así, se rediseñaron las sábanas, con lo que se redujo en 2/3 el tiempo para tender una cama, así como se dedicaron al rediseño de las herramientas que ocupan…”.
“Este contratar por fuera no sólo tiene ventajas económicas, sino también mejora los ingresos y la dignidad del trabajo de esas personas. Además la gran empresa privada o la gran institución pública no será la que emplee más personal, sino la que logre resultados valiosos porque hacen solamente el trabajo directamente enfocado a los resultados que ellos valoran y que recompensan adecuadamente. El resto lo contratarán”.
Ya tuve la oportunidad de ver una aplicación de esto en uno de mis clientes, quien sacó fuera de su planilla a jardineros y personal de la soda y les ofreció contratarlos como proveedores independientes. El resultado fue que ellos ganaron mejores ingresos y la empresa se ahorró los costos de supervisión y control y obtuvo mejor servicio.
Por otra parte, Charles Handy, en The elephant and the flea, 2002, comenta que las nuevas transnacionales, como las conocidas de comidas rápidas y de ropas de marca, tienen como principal activo el conocimiento y lo venden como franquicias para que inversionistas locales pongan negocios en su localidad, pagándoles un derecho por aplicar sus metodologías para hacer y vender esos productos que han ganado fama internacional.
¿No será la hora de que nuestros servicios públicos apliquen esta experiencia vendiendo a firmas privadas la ejecución de lo que hacen, reservándose el derecho del diseño y del control de que apliquen exactamente lo contratado?
Pero, recogiendo la experiencia, me atrevo a afirmar que nunca debiera haber una sola empresa prestando cada servicio. La esencia de la calidad de su prestación y de su mejora continua, está férreamente ligado a que exista competencia que permita al usuario elegir al proveedor que le dé mejor servicio.
* Consultor Internacional