Roberto J. Cortés-Campos
Hace tres semanas exactamente los diarios costarricenses informaban que posiblemente el violador de la niña Rosa era el mismo padre-padrastro (no sé a ciencia cierta la naturaleza de la relación), noticia que fue reproducida en Managua por un Diario local. También se ha informado que el joven detenido y acusado no padece de las enfermedades venéreas que fueron transmitidas a Rosa por su violador.
En medio de eso la familia de Rosa “decidió trasladarse” a su patria. Ahora resulta que el “papá-padrastro” dice que las autoridades ticas los trataron mal en esa nación, cosa que es posible.
La realidad es que empiezo a sospechar que detrás de todo esto hay un drama humano más profundo y que el Dr. Sergio García Quintero y la señora Violeta Delgado se han interesado por su agenda de construcción social y no precisamente en la justicia. En sus palabras groseras y agitadas no se esconde la sabiduría. Espero que por el bien de la sociedad pare la manipulación y se piense en la justicia. La violencia en los hogares y contra las mujeres se acabará mediante una cabal aplicación de la justicia.
Los diarios españoles y nicaragüenses, que mostraron intereses particulares en todo el cuento, deberían apoyar las investigaciones de la policía tica y de las autoridades nicaragüenses; demandar un examen de sangre al niño abortado y también al “padre-padrastro”. En vez de gritar que las autoridades tratan de perseguir a los implicados, y que por lo tanto ellos tienen derecho a obstaculizar toda investigación.
Los involucrados deberían colaborar con las autoridades y no sólo con declaraciones a los medios. Las organizaciones de izquierda involucradas en este drama, si la política deja que la investigación se realice, tendrían que pedir “perdón” a muchas personas, especialmente a las autoridades religiosas de Nicaragua, es cuestión de justicia.
Es hora que la Sra. Delgado y el Sr. Quintero tomen la decisión de estar o no estar por la justicia o sólo son promotores de una agenda política.