Violeta Reyes de Padilla
Muy arrogantemente en conferencia de prensa las ONG feministas dieron a conocer el viernes pasado que “Rosa” había abortado (mejor dicho la habían hecho abortar) con permiso de su mamá y de su padrastro. Se sentían triunfantes de haber hecho algo loable a sus criterio, algo de lo que se enaltecían, cuando la realidad es que lo que hicieron fue aborrecible.
En esta contienda que se acaba de librar solamente hay perdedores. Perdieron las feministas porque para aliviar una pena mancharon sus manos con la sangre de un niño indefenso en el vientre de una madre, que aunque sea una niña, el hecho de haber concebido un ser humano le daba ya la categoría de madre.
Salió perdiendo Nicaragua ya que contando con toda la legislación que protege a los niños y las niñas desde el momento de la concepción, no pudo impedir este crimen.
Salió perdiendo Rosa, una niña que quedará lisiada emocionalmente y quizás hasta físicamente para toda la vida. Siendo una niña de 9 años, en proceso de educación, todavía con su racionalidad en desarrollo, fue totalmente manipulada y asumida por personas mayores que tomaron por ella una decisión indebida. Estamos claros de que la recuperación de esta dolorosa situación será muy difícil y de mucho cuido.
El peor perdedor fue el pobre niño inocente que fue privado del derecho a vivir, y que en manos de algunos que deberían ser los primeros defensores de la vida fue aniquilado.
Por lo menos los que defendemos la vida, nos queda el consuelo de haber luchado contra ese empeño desmedido de las personas que querían dar muerte a un niño no nacido.
Este hecho no debe quedar impune pues se hizo clandestinamente, sin la debida autorización. Las personas involucradas en esto tienen una responsabilidad muy grande ante Dios, ante “Rosa” y sus tutores por las secuelas del hecho en la niña, y ante la sociedad nicaragüense que es mayoritariamente Pro-Vida.
Los nicaragüenses no queremos pertenecer a la cultura de la muerte, no queremos llegar a ser un gran cementerio de los miles de niños engendrados que piensan matar si no se les pone antes un paro. ¡Es necesarios que los nicaragüenses repudiemos este crimen y defendamos la vida!