Luis Felipe Palacios [email protected]
El Jefe del Ejército de Nicaragua, general Javier Carrión McDonough, admitió ayer que tanto la institución militar como la Policía Nacional fueron “víctimas del crimen organizado” en el desvío de un armamento bélico de procedencia nicaragüense que presuntamente terminó en manos de paramilitares colombianos.
Durante un encuentro con periodistas nacionales y extranjeros, el general Carrión reconoció que cometieron “sus errores” en el trasiego de 3,117 fúsiles AK y 2.5 millones de municiones procedentes de Nicaragua hacia la Policía de Panamá, pero que al final aparentemente llegaron a las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC).
“Quiero hablar claro: ¡Ideay!, nos dieron vuelta, nos dieron vuelta. No somos infalibles. Nos dieron un gran golpe y hay que aceptarlo. Nadie pensaba qué es lo que iba a pasar”, justificó Carrión, ante los medios de prensa, al ser abordado sobre el informe conclusivo de la OEA que investigó el caso de las armas, donde se responsabiliza a Nicaragua de negligencia profesional.
El alto jefe militar explicó, sin embargo, que tanto el Ejército como la Policía Nacional, a pesar de haber sido “timados por el crimen organizado”, actuaron dentro del marco legal de sus funciones en la permuta y venta de armas, realizada con la empresa GIRSA radicada en Guatemala y con la Policía de Panamá.
“Realmente fuimos tomados por el pelo por este crimen organizado, el país, el Ejército, la Policía, y esperamos no vuelva a suceder, pero estamos con el compromiso de buscar la posibilidad de dejar establecidas las responsabilidades reales de cada uno de los participantes en esta operación”, prometió.
El general Carrión aseguró que producto del desvío ilegal de armas, la institución reforzará “toda la parte legislativa en este aspecto, para que no vuelva a suceder” y anunció “algunas medidas administrativas” internas.
“Hubo una trama donde todos pecamos. Caímos en la trama y estamos pagando un peso por ello. Lo importante es que la población, gobierno (y) sectores de opinión confíen en esta institución. No somos infalibles. Cometemos nuestros errores. Nos dieron vuelta. Nos utilizaron”, insistió.
Carrión sostuvo que el exceso de confianza obedeció a que el currículo de GIRSA era intachable, pues se trataba de una empresa con la que el Ejército y la Policía Nacional mantenían relaciones comerciales desde hacía nueve años.
“No teníamos información si estaban involucrados en un desvío de armas anteriores. Como decía el (primer) comisionado (Edwin) Cordero, (jefe de la Policía Nacional) esta relación era de hace muchos años y hasta ahora todo había salido bien, y ese es parte del pecado”.