- Lillyam Dávila lleva 25 años de trabajar en los beneficios de café
Mayda Isabel Meléndez [email protected]
MATAGALPA.— Con la mirada puesta fijamente en los granos de café que pasan sobre una banda giratoria, una máscara tapándole la mitad inferior del rostro y un gorro cubriéndole el pelo, Lillyam Dávila se abstrae de la realidad para “meterse” en lo único que en ese momento le importa: sacar las impurezas de los granos que serán dispuestos a la comercialización.
Desde hace tres temporadas cafetaleras, Lillyam llega al beneficio Solcafé ubicado en Matagalpa y se sienta junto a otras 39 mujeres a cumplir cabalmente su misión, la cual, según ella misma explicó, consiste en “escoger el café mordido, el negro, el amarillo y la broza”.
Por lo tanto, no es extraño ver a la par de estas mujeres, tazas que contienen todos aquellos granos que pudieran ir en detrimento de la calidad del producto. Lillyam, con una destreza que sólo la experiencia puede dar, mueve sus manos hábilmente mientras sus ojos se mueven con más rapidez aún para garantizar una buena limpieza.
Tiene 45 años de vida y 25 años de trabajar temporalmente en los beneficios de café. Y, durante todos estos años, desde el popular barrio matagalpino Guanuca le ha tocado trasladarse hacia diversos beneficios, entre los que se cuentan El Galpón, San Carlos y San Pablo, según recuerda.
Además, entre una y otra temporada cafetalera se dedica a lavar y planchar ropa ajena para garantizar algún ingreso para su familia. “Lo que se gana (de dinero), depende… si le sale a uno bastante trabajo se gana y a veces no, entonces no se gana nada”, explica dirigiendo su vista hacia el horizonte.
Agrega que en esos días que no tiene trabajo fijo, una buena jornada le puede dejar 20 ó 30 córdobas en el bolsillo, pues en las inmediaciones de su casa los pobladores pagan 10 córdobas por la docena de ropa lavada y 12 córdobas por la docena de ropa planchada, “pero eso no es diario, eso sale cada dos o tres días”.
Madre de siete hijos, ya sólo tiene bajo su cuidado a dos de ellos, aunque algunos de los mayores —ya casados— continúan viviendo en su casa. “Otro se fue para Managua, pero los que están aquí conmigo también trabajan en beneficios porque en esto del café se gana más o menos”.
Con la energía que la edad y la necesidad combinadas pueden permitirle, esta mujer de hablar sencillo y poca gesticulación, dice que trabajará escogiendo café “hasta que le den” espacio para continuar desempeñándose. Luego, tendrá que buscar otras opciones “porque cuando uno es pobre tiene que buscar cómo trabajar”.
Su salario quincenal asciende a 467 córdobas. Y, aunque no definió cuánto gana su esposo trabajando como mecánico, asegura que a él “le va más o menos, porque la vida está dura”.
“¿Por qué cree que la vida es dura?”, le consultamos. Mientras desdibujaba la sonrisa que mantuvo casi durante el tiempo que duró la corta entrevista y retorcía la punta derecha de su delantal respondió: “Saber…. saber…”.
Hamilton Rivera, gerente general del beneficio cafetalero Solcafé, asegura que el hecho de que sólo mujeres trabajan escogiendo café no es porque haya discriminación hacia el sexo opuesto.
Recordó que han intentado trabajar con hombres pero los resultados no fueron los mismos porque éstos, paralelo al trabajo, realizan otras actividades que distraen su atención y repercuten negativamente en la escogida del grano. “Quieren estar oyendo música, bebiendo gaseosa o fumando, mientras que las mujeres, sin necesidad de que se les diga, se concentran en su trabajo”.
Además reconoció que algunos estudios realizados por ingenieros industriales de países desarrollados demuestran que la mujer presenta mayor productividad en esta labor, para la cual se requiere cualidades como soltura en las manos, buena vista y capacidad de concentración.