José Leñero G.*
Al releer los capítulos 3 y 4 de “La sociedad post capitalista”, de Peter Drucker, no he resistido la tentación de reproducir algunos párrafos que pienso debieran estar muy presentes en la gerencias de nuestras empresas públicas y privadas.
“El gobierno de toda organización pública o privada degenera en mediocridad y mal rendimiento, si no rinde cuentas claras de sus resultados ante una autoridad bien definida” (pág. 89).
“La tercera parte del capital invertido en los países desarrollados entre 1960-90 se destinó a equipos para manejar datos e información. Sin embargo, el personal que hace el trabajo de oficina ha aumentado mucho más que el PIB, esto es, que ha disminuido su productividad… La productividad más baja en todas partes, es la de los empleados públicos y, sin embargo, los gobiernos son los mayores empleadores de trabajadores que laboran en servicios” (pág. 94).
“Sólo se puede pagar a las personas de acuerdo con su productividad, porque ella es la que crea el fondo común de riqueza del cual se pagan los salarios. Si ésta no aumenta no se pueden pagar ingresos reales más altos… Gran cantidad de trabajadores de servicios realizan labores que exigen destrezas simples y relativamente poca educación. Si una economía en que su productividad es baja, le paga salarios por encima de lo que producen, la inflación erosionará el ingreso real de todos y, a corto plazo, se producirán serias tensiones sociales” (pág. 94).
“Gran parte del trabajo de servicios (como facturar, procesar datos, trámites de seguros, telefonistas…), no se diferencia mucho del trabajo industrial de hacer y mover objetos. Casi dos tercios del trabajo en las oficinas públicas y más de un tercio en las oficinas de empresas, universidades, hospitales… necesitan aumentar su productividad, lo que requiere rediseñarlos con nuevos conceptos y nuevos métodos para que aporten la contribución necesaria. Pero, a menos que los resultados se puedan especificar y medir clara y objetivamente, no será posible alcanzar esa productividad” (pág. 95).
“Para mejorar la productividad del trabajo de hacer y mover objetos se requirieron cambios radicales en la organización del trabajo, pero cambios pequeños en la estructura organizacional. Pero, para mejorar la productividad de los trabajadores del conocimiento y de los servicios, se requieren cambios fundamentales en la estructura de las organizaciones e incluso estructuras totalmente nuevas, parecidas a la de las orquestas sinfónicas, donde cientos de músicos muy calificados tocan juntos con sólo un director y sin mandos intermedios… Habrá que abandonar la tradición de premiar el rendimiento individual con ascensos, ya que los cargos intermedios serán muy pocos… Esto plantea problemas de motivación, de remuneración, de reconocimiento” (pág. 104).
Me pregunto ¿cuán conscientes están nuestros dirigentes de las empresas públicas y privadas de la urgencia de abordar estas observaciones que el gran maestro hizo en 1993?
* Consultor Internacional.