Alan ElsnerReuters
FAIRFIELD, EE.UU.- Una técnica llamada “toma de huellas digitales del cerebro”, que busca investigar si un sospechoso tiene algún conocimiento específico de un crimen, podría convertirse en un arma poderosa para la seguridad nacional, dijo su inventor.
Lawrence Farwell, un científico especializado en neurología que estudió en Harvard, fundó la empresa Brain Fingerprinting Laboratories Inc. hace 12 años y dirige su compañía desde un pueblo en el estado norteamericano de Iowa.
El científico piensa que la técnica podría convertirse en una gran herramienta para las fuerzas de seguridad y las tareas de inteligencia.
“Desde una perspectiva científica, definitivamente podemos decir que la toma de huellas digitales del cerebro podría tener beneficios sustanciales para identificar terroristas o para exonerar a personas acusadas de ser terroristas”, dijo Farwell.
Pero primero, la polémica técnica, que ha tenido algún éxito, debe superar el escepticismo de expertos que se rehúsan a aceptarla.
La toma de huellas digitales del cerebro funciona a través de la medición y el análisis de picos de actividad eléctrica que ocurren en una fracción de segundo cuando el cerebro responde a algo que reconoce.
Por ejemplo, si al sospechoso de un asesinato se le muestra un detalle de la escena del crimen que sólo él conoce, su cerebro registraría involuntariamente ese conocimiento.
En el sistema de Farwell, la actividad del cerebro se registra a través de electrodos que se ponen en la cabeza del sospechoso y sus ondas se miden con un electroencefalógrafo.
Una persona que nunca hubiera visto la escena del crimen no mostraría ninguna reacción.
Muchos científicos han estudiado el pico inicial de la actividad cerebral, conocido como “p300”, que ocurre entre 300 y 500 milisegundos en respuesta a un estímulo.
La contribución de Farwell consistió en desarrollar algo que él llama el MERMER (siglas en inglés de Respuesta Electroencefalográfica Multifacética Relacionada con Memoria y Codificación), que mide el patrón de la respuesta del cerebro hasta 1,200 milisegundos después de que se administró el estímulo.
CASO DE ASESINATO RESUELTO
En 1999, Farwell usó su técnica para resolver un asesinato de 1984 en el estado de Missouri. La policía tenía fuertes sospechas de que un leñador local, James Grinder, había secuestrado, violado y asesinado a Julie Helton, una mujer de 25 años.
Pero las autoridades no tenían las pruebas suficientes para condenarlo. Luego, Grinder aceptó que se le tomaran las huellas digitales del cerebro, para demostrar su inocencia.
En la pantalla de una computadora, Farwell mostró detalles del crimen que sólo el asesino debería conocer, incluyendo objetos tomados de la víctima, dónde estaba localizado el cuerpo, objetos de la escena del crimen, y detalles de las heridas en el cadáver.
“Lo que dijo su cerebro, era que él (Grinder) era culpable”, dijo el científico. “El tenía información crítica y detallada que sólo hubiera tenido el asesino. El asesinato de Julie Helton estaba almacenado en su cerebro, y había estado almacenado allí desde hacía 15 años, cuando cometió el crimen”.
Grinder se declaró culpable una semana después del análisis cerebral, a cambio de una sentencia de cadena perpetua, para evitar la pena de muerte. También confesó el asesinato de otras tres jóvenes.
En el 2000, el sistema de las huellas digitales cerebrales enfrentó su primer desafío legal, en el caso de Terry Harrington, un hombre de Iowa que había estado 23 años detrás de las rejas por el asesinato de un guardia de seguridad en 1978.
Las pruebas de Farwell sugirieron en forma determinante que Harrington era inocente, pues no tenía conocimiento de la escena del crimen.
El juez del caso admitió la nueva evidencia, pero no liberó al condenado, al decir que no estaba claro si los resultados de la prueba hubieran llevado a un veredicto diferente en el juicio original. Ahora, el caso está en manos de la Corte Suprema de Iowa.
NUEVA VERSIÓN DEL VIEJO DETECTOR DE MENTIRAS
“No hay evidencia de que uno pueda determinar las malas intenciones, o cualquier cosa, a partir de las huellas digitales del cerebro. Es la versión del siglo XXI del detector de mentiras, que tampoco funciona muy bien», dijo Barry Steinhardt, quien dirige un programa de tecnología de la Unión de Libertades Civiles de Estados Unidos (ACLU por sus siglas en inglés).
Un informe del 2001 de la Oficina de Contabilidad General del Congreso estadounidense halló que las autoridades de la CIA, la FBI, el Departamento de Defensa y el Servicio Secreto no preveían, en esta etapa, el uso de la toma de huellas digitales cerebrales, por los conocimientos necesarios para emplear la técnica y porque tendría una utilidad limitada.