- La travesía por la Isla de Ometepe, nos lleva a disfrutar de los atractivos que ofrecen las Islas de los Monos. En las dos pequeñas islas no hay más vida que la de seis monos de las especies araña, cara blanca y congo
Noelia Sánchez RicarteCORRESPONSAL/[email protected]
Para quien navegue sobre la isla de Ometepe, la travesía resulta fascinante y divertida. Apenas partimos de la finca Mérida, asalta nuestra vista estas dos isletas solitarias; luego a unos 200 metros de distancia de la primera isleta se comienza a percibir vida, pues algo que se mueve rápidamente desciende desde las copas de los árboles y por el centro de la isleta.
Son dos monos de la especie araña que con su mirada y haciendo piruetas con sus encorvados y ágiles cuerpos siguen a la lancha que da vuelta a la isleta. “Ellos saben a que venimos”, comenta Janier Vargas, el joven que condujo la expedición a estas islas.
Y en efecto, así es, pues cuando la lancha se había acercado a una especie de muelle, los monos aguardaban impacientes, pues esperaban su alimento. Janier comentó que a diario, por lo menos entre tres o cuatro veces al día, los monos de ambas isletas son alimentados.
SABOREANDO UN BANQUETE
Ahí permanecieron alimentándose, sin inquietarse por la presencia del grupo que allí nos estacionamos, incluso, uno de ellos casi se tira de cabeza para recuperar un sandwich que se había caído al lago, al final pudo saborear su delicioso alimento, aunque ya estaba empapado de agua.
Mientras los monos de la otra isla: tres cara blanca y un congo, al parecer son más tímidos, pues aunque tres de ellos (cara blanca) bajaron rápidamente, tomaron su sandwich y se fueron, otro (el congo) no quiso bajar de su árbol.
Estas isletas son también conocidas como las Isletas de los Monos, y aunque nadie sabe con exactitud cómo llegaron los antropoides a estas dos isletas solitarias, sin duda son la atracción de los visitantes.
El viaje continuó, esta vez recorrimos (por lago) Santa María, el Perú hasta llegar al río Istián. El paisaje, la brisa del lago y el ocaso que comenzaba, eran sencillamente espectaculares.
LA FAJITA QUE UNE AL OCHO
Cuando se enrumba a la isla de Ometepe, se puede observar con claridad que ésta tiene forma de un ocho y que precisamente a la mitad, los dos municipios (Altagracia y Moyogalpa) que la conforman están unidos por una especie de fajita.
Ahí concluyó la travesía, en el río Istián. Hasta cierto punto se pudo navegar en la lancha en que viajábamos, pero luego debíamos seguir en “kayac” (una especie de cayucos modernos). Gran variedad de vida silvestre y animal acompañaba nuestro paseo; animales como piches, garzas, puncos, cuacas, gallina de agua colorada, correa, entre otros, nos deleitaron con su movimiento acompasado y libre.