Parte de los 225 estudiantes de un instituto de secundaria, ubicado en la comunidad de Los Limones, Somotillo, muestran su interés por el estudio, aunque el Mecd, no sea capaz de ofrecerles un techo para guarecerse. (LA PRENSA/O. VALENZUELA)

Amor al estudio bajo “champas”

225 estudiantes de siete comunidades de Somotillo, Chinandega reciben clases, desde hace cuatro años, protegidos de plástico negro y palma de coco El BID ha invertido, alcaldía aporta terreno, pero el Mecd incapaz de resolver Carol MunguíaCORRESPONSAL/[email protected] Sólo el deseo de superarse entusiasma a los 225 estudiantes del Instituto de secundaria “Julio César Sánchez Fuentes”, […]

  • 225 estudiantes de siete comunidades de Somotillo, Chinandega reciben clases, desde hace cuatro años, protegidos de plástico negro y palma de coco
  • El BID ha invertido, alcaldía aporta terreno, pero el Mecd incapaz de resolver

Carol MunguíaCORRESPONSAL/[email protected]

Sólo el deseo de superarse entusiasma a los 225 estudiantes del Instituto de secundaria “Julio César Sánchez Fuentes”, de la comunidad de “Los Limones”, jurisdicción de Somotillo, al asistir a su curso lectivo diariamente, en condiciones deplorables.

Cinco “champas”, cubiertas de plástico negro y protegidas con palma de coco para protegerse del sol, constituyen el colegio que ofrece el pan de la enseñanza a siete comunidades de Somotillo, cuyos alumnos reciben clase en un horario normal.

“Tenemos cuatro años de recibir clases así. Estos jóvenes quieren salir adelante y el centro más cercano es Somotillo, a dos kilómetros de distancia, pero a veces sus padres no tienen dinero para los pasajes”, reflexionó la educadora Joaquina Oviedo, mientras impartía clases de español a estudiantes del segundo año.

El centro fue asumido por el Ministerio de Educación, Cultura y Deportes (MECD) desde el año 1999.

GESTIONAN CONSTRUCCIÓN

Su directora, Jamileth Mondragón, refirió que las gestiones para que construya su infraestructura se iniciaron en el año 2000.

“El año pasado obtuvimos, con ayuda de la comunidad y la municipalidad de Somotillo, una manzana de terreno para levantar el edificio, que es donde se observan las champas”, mostró la maestra.

En el sitio no hay un sólo árbol que proteja a los alumnos de los ardientes rayos solares. El instituto ofrece educación de primero a quinto año a una población escolar de 225 alumnos y con una planilla de seis maestros.

“Los alumnos vienen de las comunidades de “La Danta”, “La Flor”, “Paso Hondo”, “El Asentamiento” y “Los Balcones”, prosiguió.

UNA BUENA NOTICIA PARA LA COMUNIDAD EDUCATIVA

Mondragón anunció que la construcción de la planta física de cinco aulas del nuevo colegio, se iniciaría en abril próximo, pues la municipalidad entregó la escritura legal a favor del Mecd, un requisito indispensable para acelerar los planes que exige el Fondo de Inversión Social de Emergencia (Fise).

Todos son estudiantes de extrema pobreza con deseos de superarse. El Banco Interamericano de Desarrollo (BID), favoreció con becas a cuatro alumnos con mayores necesidades, a quienes les asigna semestralmente 435 dólares.

Los beneficiarios Meylin Azucena Moreno, Santos González, Claudia Lisette Monjarez Valladares y María Nela Laínez García —esta última en quinto año— deben cumplir con requisitos de asistencia a las aulas de clases y rendimiento académico de 90 por ciento, lo que han mantenido hasta el momento.

SEGUIRÁN BAJO CHAMPAS, APRUEBAN SÓLO REEMPLAZOS

La delegada departamental del Mecd, Lic. Nery Amaya reconoció que en igual situación se encuentra el Instituto Rubén Darío, de la comunidad El Rodeo Grande, en Somotillo, cuya población es de 177 estudiantes.

Amaya aseguró que solicitó presupuesto ante el Fise para la construcción de los dos institutos de la zona norte de Chinandega, pero sólo aprobaron el reemplazo de cuatro centros, entre ellos, uno en Chinandega, uno en Puerto Morazán, otro en Corinto y uno en Posoltega.

AYUDA DEL BID

Ante las precarias condiciones de este centro educativo, el Banco Interamericano de Desarrollo(BID) ayuda en dos proyectos más. Uno de ellos es el incentivo por año de 8 mil 197 córdobas para la construcción de un pozo, excavado a mano, para suministrar agua a los alumnos y otra cantidad similar para la compra de equipo y útiles de oficina, pues el personal educativo no tenía ni en que guardar sus documentos.  

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