- De su familia fue el primero en estudiar en la Universidad. Su vasta experiencia lo ha llevado a polemizar sobre varios aspectos en el mejoramiento genético de las semillas, aunque está plenamente consciente, que si bien es una alternativa para el campesinado empobrecido de los países en desarrollo, sin una política congruente donde se combinen factores como financiamiento, acceso a mercados y otros elementos, no habrá posibilidades de reducir el hambre en el mundo.
María Antonia López Manzanares [email protected]
De profesión científico, ligado al campo rural desde su niñez, Norman Ernest Borlaug, es un artífice en los cambios genéticos que requieren los granos a fin de mejorar la nutrición de miles de habitantes del mundo.
Todos sus esfuerzos han estado ligados a la investigación, llegando a convertirse en uno de los más grandes especialistas en materia agrícola del planeta. Su aporte fue reconocido en 1970, cuando recibiera el Premio Nóbel de la Paz, tras considerar sus electores, que no había otro en ese momento que salvara más vidas en la historia de la humanidad.
De él se ha dicho que siempre se traza una meta, hasta alcanzarla. Sus principales investigaciones se dieron precisamente en el momento en que los registros demográficos indicaban el crecimiento poblacional y los problemas alimentarios que se estarían presentando años después, sobre todo en las poblaciones de más bajos ingresos.
Es así que sus investigaciones dieron lugar a obtener resistencia a las plagas en varios tipos de trigos, así como obtener rendimientos dobles y triples en las cosechas regulares. El método fue empleado en países con problemas de alimentación.
El esfuerzo fue reconocido por el gobierno mexicano y la Fundación Rockefeller los que decidieron crear el Centro Internacional para el Mejoramiento del Maíz y el Trigo (CIMMYT), los beneficios alcanzados en esos años dan lugar a su vez para reconocer que la hambruna masiva se puede evitar y es por ello que se confirió el título de “Padre de la Revolución Verde”.
El doctor Borlaug, accedió a brindar una breve entrevista, tras haber recorrido un campo cultivado con una variedad de maíz denominado “nutrinta amarillo” que fue liberada recientemente por el Instituto de Tecnología Agropecuaria.
A sus 89 años de edad, se le nota una vitalidad y una pasión por el campo, resistiendo la inclemencia del sol meridiano, acompañó al Presidente Enrique Bolaños durante un recorrido por más de una hora, y abandonó una sabrosa “tamuga” que le sirvieran con anterioridad para darnos su mensaje sobre la transformación genética de las semillas.
Desde que nació dijo haber estado ligado a las plantas, nació en un campo pequeño, donde se practicaba la agricultura y la ganadería al norte de Estados Unidos.
Durante sus primeros ocho años de vida, estudió en una escuela rural donde había una sola estancia, compartiendo el aula con niños de diversas edades y una sola maestra.
“Nací en el campo, me formé en el campo, toda mi familia era del campo, soy el primero de toda la familia que estudiaba en la Universidad por aquellos tiempos”.
Pero antes de ir a la Universidad, debido a su vida en el campo, aprendió a cultivar todos los días, relató con un español medio complicado y de hablar pausado con aquel timbre de voz que denota el cansancio de la vejez.
Usted tiene muchos años de estar trabajando en el mejoramiento de las semillas…..
Empecé con un programa cooperativo del gobierno de México y la Fundación Rockefeller, los primeros 17 años, pasé en ese programa entrenando generaciones de nuevos científicos mexicanos, tanto mujeres como muchachos.
¿Qué importancia reviste para el mundo el trabajo de mejoramiento de las semillas?
En todos los aspectos es importante, en la formación de variedades, tanto en la parte técnica, como en la agronomía para recuperar la fertilidad de los suelos, determinar fechas de siembra, densidades de siembra, controles de malezas, enfermedades y otros.
Todo eso, para demostrar el impacto de los factores en los campos de los agricultores.
Cuando se logró tener resultados de las investigaciones, se formó un programa internacional donde muchos jóvenes de todo el mundo participaron, sobre todo de la India, Pakistán, Irak, Afganistán, Irán, Egipto, Jordania, para trabajar con nosotros y cuando llegamos a sus países, siempre tuvimos colaboración con ellos.
Fue a través de eso que se logró un cambio grande en producción de alimentos en India y Pakistán primeramente.
Fue mucha de la transferencia que aprendimos de México trasladada a esos países, durante la crisis de la década de los sesenta y cuatro, cuando mucha gente estaba muriendo por falta de alimentos, en una hambruna muy fea.
¿Todo el trabajo científico realizado hasta la fecha en mejoras de semillas es suficiente o falta mucho por hacer?
Mira, esto debe ser explicado en forma sencilla, qué ha pasado en el crecimiento demográfico. Cuando yo nací, la población mundial era de 1.6 mil millones de personas, hoy en día somos 6.3 mil millones y la gran parte de este aumento ocurrió desde 1935 cuando surgieron las vacunas contra muchas enfermedades. Eso redujo la mortandad. No es que las mujeres hayan tenido mayor número de hijos, sino que los niños han muerto menos. Este es un gran cambio.
Hoy en día, en muchos países la población crece, como en Africa, y es un problema muy serio porque no hay escuelas, no hay servicio médico, donde no hay caminos, los profesores no van.
¿Todo el trabajo que han hecho en mejorar las semillas, podría erradicar el hambre en el mundo?
Hay dos aspectos, en la producción de alimentos. Uno es producir suficientes alimentos de los diferentes tipos que requieren los pueblos. No todos comemos maíz como aquí.
Esto es lo primero, aumentar la producción de los cultivos más importantes en las diferentes partes del mundo.
Pero el segundo problema complicado o quizás peor es distribuir los alimentos y allí se encuentra la dificultad de falta de poder comprar.
Mucha gente sin empleo, sin dinero o trabajan muy pocos días al mes. Entonces, aunque haya muchos granos o alimentos en el mercado ellos no tienen como comprar, aunque sea lo suficiente para no morir.
Tenemos otro problema, y es el de aumentar el ingreso de los campesinos en muchos de estos países en vías de desarrollo. Gran parte del pueblo vive en el campo en países como éste, y las dificultades las tienen los pequeños productores cuando son afectados por las sequías y se ven obligados a comprar granos en el mercado.
¿Qué alternativas hay para solucionar esto, se deben crear políticas de gobierno, serán los mismos productores quienes deban resolver?
Es muy complicado todo esto. No se resuelve en pocas palabras y cada país es diferente. Para ilustrar qué pasó en India y Pakistán, en China en los años 60 a 70 cuando introducimos la tecnología con las variedades mejoradas. Como resultado en India obtuvimos 11 millones de toneladas, el año pasado en ese país se lograron 75 millones de toneladas. En Pakistán se logró en 1975 dos millones y medio y el año antepasado obtuvimos 22 millones de toneladas de trigo. Un brinco muy grande.
En esos años, mucha gente estaba muriendo, pero tenemos todavía en la India problemas de compra. En los últimos años se han contado 60 millones de toneladas de grano en almacén. Se ve mucha gente, que no está muriendo de hambre pero se ve que necesitan más comida, pero no tienen la plata.
Estamos empujando a los gobiernos para usar parte de la venta del grano para hacer caminos rurales, escuelas, edificios entre otros.
Profesor de generaciones
El doctor Norman Borlaug, ha visitado varios países de la región, primeramente estuvo en la Universidad Panamericana El Zamorano de Honduras, luego en Nicaragua durante el lanzamiento de una variedad de maíz amarillo, en la otra semana estará dictando una conferencia en Costa Rica de todas sus actividades, relatando experiencias sobre sus investigaciones y resultados de la transferencia de tecnología practicada desde hace más de 30 años.
La posición de este científico sobre la necesidad de generar alimentos, pero también el acceso a los mismos, se mantiene a través de los años. En 1973 expresó en Inglaterra que “la Revolución Verde” en la producción de granos no ha resuelto el problema de la mala nutrición crónica para cientos de millones de personas pobres alrededor del mundo. Ellos no pueden comprar el alimento que necesitan—quizás porque no tienen trabajo, o tienen trabajo inadecuado—aunque hay una abundancia de alimento en los mercados mundiales.
“Necesitamos más científicos jóvenes y aventurados con la disposición de dedicar sus vidas para resolver los problemas de producción que afrontan algunos mil millones de granjeros de pequeña escala”.
LARGO HISTORIAL
– Nació en Cresco, Estado de Iowa, Estados Unidos, un 25 de marzo de 1914.
– Estudió Ingeniería Forestal en la Universidad de Minnesota, siempre en Estados Unidos.
– Trabajó para el servicio forestal de su país.
– Posteriormente ingresó nuevamente a la Universidad donde obtuvo una maestría y doctorado en Patología vegetal.
– Sus trabajos se reconocen en una colaboración muy estrecha con científicos mexicanos para resolver problemas con el cultivo del trigo.
– Sus aportes han llegado hasta la colaboración científica en la India y Pakistán cuya intención es alcanzar el mejoramiento de diversas variedades de trigo.
* En suelo mexicano coordinó investigaciones en genética, mejoramiento, fitopatología, entomología, agronomía, ciencia de suelos y tecnología de cereales.