¿Por qué Nicaragua no puede avanzar?

Rhina Urcuyo de Chamorro*

Nicaragua: Un país con tantas bellezas naturales, gente maravillosa y deseosas de superación, pero sumergidas en una constante pobreza. Llegó el año 2003 y pareciese que los nicaragüenses estamos dormidos, como en el cuento de la Bella Durmiente, con la diferencia que al despertar seguimos con los mismos sueños y deseos. No se vislumbra un futuro positivo para nuestra Patria.

Al escribir este artículo, pedí a Dios me iluminase para poder expresar a través de las líneas todo mi sentir de este gran país y maravillosa gente. Me pregunto, ¿qué pasa? ¿Los nicaragüenses veremos por fin la luz de la esperanza? Y la respuesta, después de meditar con las Sagradas Escrituras, es muy clara: “Nicaragua no avanza por la falta de amor, fe, unión, y perdón, entre los mismos nicaragüenses”.

Se puede seguir años y siglos luchando, pero mientras los corazones de las personas no se conviertan en corazones libres de tantas ataduras que tiene el pueblo de Nicaragua y de las cuales es prisionero, nunca se podrá ver la luz clara en el horizonte. Bueno, se preguntarán: ¿Cómo lograr transformar tantos corazones encontrados entre sí? Pienso que es un trabajo de cada uno de nosotros, como verdaderos nicaragüenses y verdaderos cristianos, que aman a Dios, respetar su Evangelio y creer que uno de los mandamientos más grandes que Él dejó es “amaos los unos a los otros como Yo os he amado”. Éste es uno de los mandatos más grandes y relevantes para comenzar a transformar el país y el resto de la humanidad, muchos dirán que es imposible, pero para Dios nada es imposible si verdaderamente se trabaja bajo la luz de la fe.

Muchas veces en Nicaragua el ser humano es atacado y maltratado por diferentes causas sin justificación alguna, simplemente por tantos odios políticos, que han ido carcomiendo el alma y la mente del nicaragüense. Es ahí donde todos, unidos como hermanos, debemos de ir poniendo un granito de arena en ese inmenso océano, para que nuestros hijos y nietos crezcan en una Nicaragua más justa y limpia de odios.

Por lo tanto hermanos, no hay que formar conjeturas de las personas sin antes conocer su verdadero fondo y su verdadera vida. Hay que comenzar a respetarnos, para así poder romper los tabúes que no permiten el nicaragüense ser verdaderamente ejemplo de unidad para todo el resto de Centroamérica y así poder transmitir esas palabras del gran Rubén Darío “si la Patria es pequeña, uno grande la sueña”.

* La autora es ama de casa.  

Editorial
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