Winston Cuan*
Mientras los familiares y oficiales de la NASA esperaban jubilosamente la llegada del Columbia, el anuncio desde el Centro de Control de la NASA que se había perdido contacto con la nave especial fue recibido con gran pánico y consternación. Minutos después fue claro que otra tragedia catastrófica había ocurrido donde perdieron la vida siete valientes y dedicados astronautas a bordo de la primera nave de la flota de transbordadores espaciales. Los astronautas son considerados miembros de nuestra gran familia, compuesta por miles de trabajadores del programa espacial que ahora se encuentra de luto. Ellos aceptaron sin vacilar los altos riesgos del programa espacial y comprendieron la importancia de aprender a vivir y trabajar en el espacio sideral.
El Columbia estaba por finalizar su misión 28 denominada STS-107 con duración de 16 días, volando a 18 veces de la velocidad del sonido a una elevación de 207,000 pies (62.7 Km.), cuando a tan sólo pocos minutos de aterrizar en el Centro Espacial Kennedy ocurrió la desintegración de la nave. El transbordador espacial construído con 2.5 millones de componentes es una obra asombrosa y compleja de ingeniería, operando en condiciones extremas durante el ascenso y el reingreso a la atmósfera de la Tierra. Es importante entender que durante esta fase, el transbordador está expuesto a temperaturas muy elevadas de hasta 1,400 grados centígrados. Precisamente, fue diseñada para empujar las fronteras de la ciencia y de la ingeniería. La tragedia del Columbia nos humilla y también nos desafía como ingenieros y seres humanos.
El presidente George W. Bush durante la ceremonia de conmemoración capturó el sentimiento de muchos de nosotros, al hablar de la pasión que los siete astronautas y los que trabajamos para el programa espacial sentimos por la exploración y descubrimiento del espacio. “La causa por la exploración y descubrimiento no es una opción que uno escoge; esto es un deseo escrito en el corazón humano. Dejar la tierra, aire y gravedad ha sido un sueño de la humanidad. Cada uno de ellos aceptó los riesgos con toda voluntad, aún con alegría por la causa de la exploración”.
Para los detractores del programa espacial les quiero recordar que la mayoría de los utensilios electrónicos que actualmente encontramos en nuestro hogares han sido derivados del programa espacial. Los avances en materiales, computación, electrónica, aerodinámica, astronomía para nombrar ciertas áreas, son los beneficios que hemos heredado de los avances logrados por la NASA.
La misión inmediata de los transbordadores espaciales es la finalización de la construcción de la Estación Espacial, donde se están realizando experimentos de toda índole, desde experimentos poco sofisticados proveniente de las escuelas de bachillerato, hasta los de alta tecnología que revolucionarán la industria de materiales, farmacéutica y electrónica. Además será el trampolín para llevar a cabo exploraciones a Marte y otros objetivos más allá de nuestro universo.
Los ingenieros son pioneros, ya sea que construyan barcos, aeroplanos o naves espaciales, con visiones tecnológicas vanguardistas para el progreso y bienestar de la humanidad. Nosotros no somos almas tímidas que aceptamos el mundo como tal; nosotros somos los que desafiamos al mundo como lo conocemos y a través de éxitos y tropiezos procuramos hacerlo mejor. Los ingenieros no nos atemorizamos o nos caemos por fallas debido a riesgos intrínsicos de un diseño. Como dijo John F. Kennedy: “Nosotros hacemos las cosas no porque sean fáciles, sino porque son difíciles”. Sin duda los ingenieros competentes de la NASA y las compañías aeroespaciales de apoyo como Boeing encontrarán y corregirán la causa del problema, el diseño se mejorará y el programa espacial tripulado continuará.
La tripulación del Columbia será recordada eternamente por sus sacrificios y dedicación a la exploración del espacio para beneficio de la humanidad.
* El autor es ingeniero mecánico-aeroespacial de la compañía Boeing. Miembro del equipo a cargo del sistema de propulsión del Transbordador Espacial. Nació en Granada, Nicaragua.