Estado vs. ciudadano

Mario Ruiz Castillo*

La teoría señala que el Estado se creó para el bienestar del ciudadano, la búsqueda de la paz, armonía y distribución equitativa de los recursos disponibles en una sociedad determinada. El Estado responde a objetivos altruistas que van más allá de los intereses de las personas que lo administran; es función por ende de él buscar y solucionar conjuntamente con la población los problemas que se presentan a diario, no cabe como obstaculizador, perturbador, retrasador de la actividad humana, que es la fuente de toda riqueza en una nación.

Escuchamos a menudo que el Estado es un facilitador, sin comprender exactamente qué se nos dice, pareciera que es algo que se está inventando y es algo innovador, ello porque los funcionarios que administran el Estado se consideran dueños de él, como una empresa es de su propietario. La diferencia es que el funcionario público es electo o nombrado por supuestas cualidades que redundarán en beneficio de todos y administra bienes ajenos; en cambio el empresario vigila por sus intereses económicos, sus propios recursos e inversiones.

Si un empresario fracasa u obtiene pocas ganancias, sufre las consecuencias de su mala administración e ineficiencia; si el funcionario estatal administra mal, el que paga los platos rotos es la sociedad en general, porque él recibirá su mismo salario y mantendrá sus condiciones laborales.

Un país es pobre o rico no por el gobierno que tiene, ya que éste no hace más que administrar los ingresos que se obtienen de las tasas a la producción nacional, importaciones y otro tipo de aranceles. Sin producción, importaciones, intercambio comercial, servicios, el Estado es inexistente o de poca eficiencia e incidencia para la población.

Cuando se depende exclusivamente de los bienes del Estado para el desarrollo del comercio, la industria y la prestación de los servicios; el Estado se convierte en una verdadera amenaza al ciudadano y los funcionarios que lo administran se vuelven como dioses omnipotentes que deciden todo, cuando únicamente deberían facilitar el desarrollo económico de una nación; en este tipo de Estado volverse productor es como lanzarse al agua infectada de tiburones, todos quieren caerle, para obtener dividendos. Lo anterior se agrava al carecerse de los medios de control administrativo eficientes, que garanticen que los recursos del ciudadano son correctamente utilizados en beneficio colectivo y no van a manos particulares o acrecientan fortunas en forma ilícita.

Existirán gobiernos fuertes y omnipotentes en la medida que el ciudadano no participe en la generación de riquezas, si espera que todo sea resuelto por papá Estado (lo económico, social, político, cultural, deportivo) y carezca de iniciativas para la aplicación de sus derechos y mientras no exija al gobierno se limite al cumplimiento de sus responsabilidades de normador, facilitador, regulador, mediador, aplicador de justicia e interventor y suplencia en determinados casos. Y con estos gobiernos por supuesto habrán ciudadanos sumisos, faltos de iniciativa y sobre todo pobres. Los gobiernos no hacen pobre o rico un país, sino sus ciudadanos, la administración del gobierno eso es otra cosa y de ello también es responsable el ciudadano.

* El autor es abogado. [email protected]  

Editorial
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí