Los unos y los otros

Ernesto J. Marín

Hace unos días estaba pensando en los magníficos ejemplares de ciudadanos que han sido ungidos por el Presidente de la República para que le acompañen en sus labores de gobierno. Claro está que es potestad del Ejecutivo nombrar a los licenciados que él considere adecuados para desempeñar el cargo idóneo en su privilegiado entorno.

Hace unos meses en una reunión de Gabinete, cuya foto ocupó espacios en la primera página titular de los periódicos, el Vicepresidente acertó cuando al ver a tantos invitados, ventrudos y de cachetes rosados, expresó muy lógicamente que no encontraba caras de liberales, quejándose del exiguo personal del partido que estaba presente. Parece que todos vieron las observaciones menos don Enrique quien no le dio importancia requerida. Recordamos los rostros compungidos del ramillete que adornaba tan exclusivo club, como unos señores De Franco que creo que no saben ni dónde yacen los restos del General Zelaya; lo mismo le pasa al peso pesado Frank Arana, mi sobrino, conservador de abolengo y alegre vividor de los presupuestos liberales; uno de apellido Caldera, el canciller más silencioso del gabinete; J. Adán Guerra, con más de diez años en los gobiernos de Chamorro, Alemán y Bolaños; lo mismo que un señor Harding, irlandés de origen, que cada cinco años tiene la fortuna de encontrar un nuevo jefe, y el elegante Báez Sacasa que devenga un sueldo de ganador de lotería mensualmente.

Me pregunto si a don Enrique no le interesa el color de su partido, y me pregunto también con cuántos cientos de miles de votos contribuyeron esos perfumados señores para elegir al Presidente de Nicaragua, si recordamos que su centenario partido verde sólo un diputado obtuvo a la Asamblea Nacional. Además, cabe pensar que si en el liberalismo no existen valores para ser nombrados en semejantes posiciones, que nuestro mandatario se da el lujo de regalárselos a estos siete magníficos hiperprivilegiados.

¿A quién representan?

Me atrevo a recordarles que se está olvidando a dos extractos fundamentales en el liberalismo, las bases y a nuestra refinada tecnocracia, compuesta por cabezas pensantes y currículum de lujo. Cordialmente yo le sugiero que se acerquen más a quienes lo eligieron, elaboremos un sistema de movilización una o dos veces al año y no cada cinco años cuando se elige al nuevo líder para las elecciones generales. Démosles más beligerancia a los barrios, a los distritos. Señor Presidente llame a Eddy Gómez, el mejor organizador de multitudes o masas de Nicaragua, no se arrepentirá. Mucho tiempo hemos perdido, la mística de la movilización es la columna vertebral de un partido que permanece dormido. Recuerde que un partido inactivo se diluye y tiende a desaparecer, ¡un partido inactivo está muy cerca del borde de su propia tumba!

El autor es diplomático.  

Editorial
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