Eduardo Enrí[email protected]
No cabe duda que el Superintendente de Bancos, don Noel Sacasa Cruz, es un hombre sigiloso.
El martes pasado LA PRENSA tuvo conocimiento de que existía una carta de enero del 2000, dirigida a Sacasa por el entonces gerente general del Interbank, José Félix Padilla, en la que se detallaban los socios de la empresa Fininsa Panamá S.A. En esa carta Padilla le revelaba que el diputado Bayardo Arce era por ese entonces director de la mencionada empresa.
Cuando le preguntamos sobre la existencia de la carta Sacasa lo confirmó, pero cuando le pedimos que confirmara si Arce figuraba en ella respondió que no podía comentar sobre eso porque sería “violar el sigilo bancario”.
Pero como nada está oculto entre cielo y tierra, la cartita al día siguiente apareció en la Redacción de LA PRENSA.
Es cierto, alegando sigilo, el Superintendente no está obligado a decirle a un medio de comunicación esas cosas, aún y cuando la propia Ley General de Bancos dice que están exceptuados de la disposición del sigilo bancario los nombres de los clientes (de bancos) que han caído en mora o que están en cobro judicial o que emitan cheques sin fondo.
Entonces podríamos pensar que si a uno lo pueden “poner en bandera” al caer en mora, por qué entonces el gran sigilo cuando se trata de gente que tiene participación en una empresa, que según queda plasmado en dos auditorias, es responsable – la empresa – de una oscura operación que movió más de nueve millones de dólares de un banco que eventualmente resultó quebrado.
Eso sin mencionar que la empresa en cuestión era dueña de más del 20 por ciento del banco quebrado.
Pero bueno, como dije anteriormente, el Superintendente puede alegar sigilo escudándose en la legislación actual, pero lo que sí parece demasiado sigiloso y hasta de ingenuidad, por llamarlo de alguna manera, es que el señor Sacasa se haya guardado la carta de Padilla durante tres años. Aún después de la intervención del banco en agosto del 2000.
El sigilo llega a tal punto que el Superintendente todavía recibe dos auditorias – en septiembre del 2001 y marzo del 2002 – en las que se revela la participación de Fininsa en esas operaciones oscuras y al señor Superintendente no se le ocurre decirle al Procurador o al Fiscal que le pregunten a don Bayardo qué sabe de eso.
Don Noel asegura que él envió todas las auditorias a la Fiscalía, pero llama la atención que no haya mandado la cartita también. ¿No le despertó la más mínima curiosidad que un prominente político – accionista del banco – estuviera ligado a una empresa – también accionista del banco – que hace esos movimientos de millones de dólares para favorecer a Consagro, el grupo de empresas de los hermanos Centeno Roque que al final son las responsables por la quiebra de la institución?
Podría ser que don Bayardo, como él mismo dice, sea después de todo sólo una víctima más de esos bandidos quiebra bancos, pero si al señor Superintendente ni siquiera le picó la curiosidad lo suficiente como para pedirle al Fiscal que le preguntara sobre esas coincidencias a don Bayardo, entonces don Noel es demasiado sigiloso, demasiado ingenuo o demasiado confiado.
Con razón entre la friolera de bancos quebrados nos desvalijaron más de 500 millones de dólares bajo sus propias narices.