Es paradójico que el martes pasado, cuando se anunció al ganador del diseño de la nueva sede de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), el Consejo de esta alianza estratégica no pudo aprobar el envío de armas a Turquía, como previsión a un ataque de Irak, tal como lo solicitó Estados Unidos.
Lo grave de esta situación es por una parte que se produjo en vísperas del informe que los inspectores de los armamentos de Irak presentaron ayer al Consejo de Seguridad de la ONU. Y por otro lado, porque siempre se dio por sentado que la OTAN constituía un sólido bloque Europa-EE.UU..
En realidad, el fundador en 1949 de la Alianza Atlántica, el presidente estadounidense Harri Truman, marcó el comienzo de la Guerra Fría, cuando las potencias centro-europeas temían la expansión soviética. Por ello, Francia y Alemania, celebraron la decisión norteamericana de defenderles del comunismo. Además consiguieron el plan Marshall que les proporcionó cuantiosos recursos para su reconstrucción de posguerra.
En todo caso la importancia del auxilio norteamericano se evidenció más tarde (1961) cuando Nikita Jrushov bloqueó Berlín obligando a los tres sectores occidentales a depender del corredor aéreo provisto por el presidente Kennedy. El conflicto se agudizó al erigirse el muro que dividió en dos pedazos a la capital alemana.
Fue la época en que la OTAN se volvió indispensable. Sin embargo, al desplomarse la ex URSS y comenzar la reconciliación Franco-Alemana (DeGaulle-Adenuaer), con el nuevo régimen de Gorbachov y afianzarse por otra parte, el “milagro económico alemán”, empezó a languidecer la importancia de OTAN, sobre todo al surgir el objetivo de una Europa unida, fuerte y próspera e independiente de Norteamérica
Haciendo historia, la realidad es que muchos europeos siempre consideraban a la OTAN como un instrumento estadounidense para controlarlos. Para Charles Degaulle resultó inaceptable que en el suelo francés hubiese una fuerza nuclear norteamericana sin que su gobierno tuviese mayor información.
Esa desconfianza aumentó cuando la Casa Blanca criticó públicamente la invasión de Suez por tropas franco-británicas y anunciase una “respuesta flexible” a un ataque ruso. DeGaulle lo interpretó como notificación de que la defensa de Francia no era prioridad para Washington. Fue entonces que decidió el presidente francés, en 1966, separar a Francia de la OTAN contando con su “force de frappe” ( capacidad atómica de 60 kilotones) instalada en 62 aviones Mirage. Sin embargo más tarde, al reformarse en 1966 la OTAN, Francia regresó a ciertas estructuras militares
Al estallar la guerra en los Balcanes la OTAN volvió a cobrar importancia, pues ese conflicto afectaba la consolidación de la Unión Europea. Se produjo entonces la participación de aviones de la Alianza Atlántica bombardeando en marzo de 1999, con cargas de uranio debilitado, a Kosovo, sin contar con autorización del Consejo de Seguridad de la ONU ni de la Unión Europea y con protesta de Moscú . El propósito era terminar con las matanzas racistas ordenadas por Slobodan Milosevic y Biljana Plarsic, líderes serbios que terminaron enjuiciados por el Tribunal Penal Internacional.
Robustecida por esa acción, la OTAN inició su extensión al Este (Madrid 1997) bajo las acusaciones rusas de que intentaban cercarla. Esa disputa terminó al crearse la asociación Rusia-OTAN el 28 de mayo del 200l.
Un nuevo impulso consiguió la OTAN con los ataques del 11 de septiembre del 2001 que la impulsaron a tratar al terrorismo como enemigo número uno, decidiendo incorporar como miembros eventuales a los países del Caucaso y Asia Oriental.
No obstante, la decisión del presidente Bush de invadir a Irak es rechazada por Francia, Bélgica, Alemania y China, que tienen grandes intereses económicos en el mundo musulmán, o con emigrantes de esos países. Prefieren que se aumenten los cascos azules e inspectores de la ONU para neutralizar a Hussein, rehusando armar a Ankara.
La pregunta final es si la OTAN sobrevivirá a la peor crisis de sus 47 años de existencia. Es muy posible que lo logre, aunque debilitada y con un rol por definirse, porque Washington necesita un ancla europea para su defensa planetaria. Tampoco olvidemos que esa ruptura afectará a la Unión Europea y al prestigio de la ONU si pasan por encima de ésta e invaden Irak.