Luis Sánchez [email protected]
Recuerdo que hasta hace algunos años, el 14 de febrero se celebraba como “Día de los Enamorados”. Por eso, cuando se le comenzó a llamar “Día del Amor y la Amistad”, pensé que era una estrategia comercial para que también los amigos se compraran e intercambiaran obsequios.
Pero la verdad es que la palabra amistad tiene la misma raíz que amor, que se deriva del latín amoris, y de amare viene amable y amabilidad. De esas mismas raíces latinas devino posteriormente amicus (amigo) y amicitas (amistoso).
De manera que es justo que el amor y la amistad se celebren juntos pues son dos aspectos del mismo sentimiento. En realidad, para ser amigo de alguien hay que amarlo, aunque no con amor erótico sino con un sentimiento afectuoso.
Pero a pesar de que el amor y la amistad son sentimientos gemelos, se sigue planteando el dilema de ¿qué es más importante?, ¿el amor o la amistad? Y generalmente se responde que el amor, tal vez porque los poetas le cantan mucho más a éste que a la amistad.
En efecto, ¿habrá algún poema a la amistad tan bello y sugestivo como el nerudiano: “Puedo escribir los versos más tristes esta noche./ Yo la quise y a veces ella también me quiso./ En las noches como esta la tuve entre mis brazos./ La besé tantas veces bajo el cielo infinito”.
Pero la amistad tiene una profunda significación ética, como la definió el filósofo, historiador y político griego Demetrio de Falera, quien gobernó Atenas como regente de Casandro cuando este rey macedónico conquistó Grecia, después de derrotarla en la batalla de Megalópolis (318 antes de Cristo):
“Buen amigo es aquel que viene a compartir mi felicidad sólo cuando se lo ruego encarecidamente. Buen amigo es aquel que viene a compartir mi desgracia sin que lo llame”, escribió Demetrio de Falera.
Ahora bien, ¿la amistad es una relación afectiva entre dos personas, como el amor, o puede ser una afinidad colectiva, como el sentimiento de solidaridad o compasión?
Al respecto se conoce una anécdota de la segunda guerra médica (entre griegos y persas), que ocurrió poco antes de la batalla de las Termópilas (desfiladero de Tesalia, entre la montaña Anope y el golfo Maliaco) donde el rey espartano Leonidas con sólo trescientos de sus soldados (hoplitas) contuvo el avance del ejército del rey persa Jerjes mientras los griegos escapaban de una trampa mortal.
Pues bien, se cuenta que un soldado espartano que vigilaba en una cima de las Termópilas, divisó a lo lejos la polvareda causada por una numerosa caballería que avanzaba al galope. El vigía de inmediato fue a informar al rey Leonidas quien le preguntó: “¿Son amigos o enemigos?” Y el soldado respondió sin vacilar: “Deben ser amigos porque vienen todos juntos”.
La periodista española Nativel Preciado, quien ha dedicado buena parte de su tiempo a estudiar la amistad, dice que ésta “es un estadio superior incluso al del amor, que casi nunca se alcanza. Y tampoco es verdad que los amigos lo son para toda la vida: es difícil que no te traicionen. Y si no se cultiva, como el amor, se apaga”.
En Nicaragua, algunas grandes amistades se rompieron por razones políticas: Daniel Ortega y Sergio Ramírez; Arnoldo Alemán y su “padrino” Jaime Morales Carazo; Antonio Lacayo y Alfredo César; quizás por aquello de la Amistad Funesta, una de las obras más conocidas de José Martí).