- Pese a la deprimida economía local, los matagalpinos cantan, sueñan, aman y luchan
Luis Eduardo Martínez M.CORRESPONSAL /[email protected]
“Matagalpa es un territorio y una historia siempre verde como los cafetales que llenan ese territorio, y hacen, en gran medida, su historia. Territorio e historia que conforman una unidad cultural siempre viva”, escribió Juan Bautista Arríen, en el prólogo del libro “Matagalpa y sus Gentes”, del historiador matagalpino Eddy Kühl Aráuz.
Precisamente, es la obra de Kühl Aráuz la que recoge, revestida de sensacional picardía, la anécdota edilicia denominada “Las Pozas de Matagalpa y el Policía Escolar”.
“Instituido por el gobierno liberal de (José Santos) Zelaya, para fomentar y garantizar la educación primaria obligatoria, el Policía Escolar estaba encargado de vigilar e incluso arrestar a chavalos que no estuvieran en sus clases en las horas reglamentarias para ello. Esto duró desde 1893 hasta 1950 aproximadamente”, escribe Kühl Aráuz en su libro.
Aunque el historiador matagalpino se refiere al Policía Escolar únicamente por su apellido “Chavarría”, se presume que su nombre era Ramón Chavarría, a quien Kühl describe como “un hombre alto, ojos azules y siempre bien vestido, como militar de carrera que era”.
“Los cipotes le gritaban así: Chavarría, Chavarranca, la potrilla y la potranca”, explica Kühl, añadiendo que “después ellos, los cipotes, se corrían y Chavarría no los podía alcanzar, a pesar que tenía contextura y preparación atlética”.
En aquella época, los chavalos se escapaban hacia las diferentes pozas del Río Grande de Matagalpa, pozas que se conocían con nombres de animales como “Poza El Chivo”, “Poza de La Culebra”, “Poza El Mico” (esta última llamada así porque los antiguos indígenas habían grabado un petroglifo con una figura de mico o mono en una de las peñas del río). También estaba la poza de “Las Canoas.
Escribe Kühl Aráuz que allá por 1893 las autoridades de Matagalpa tenían muchas quejas de parte de las niñas y de las lavanderas del río, pues no se podían bañar ni lavar la ropa tranquilas porque algunos de los chavalos, que iban a nadar allí, lo hacían completamente desnudos y se ponían a espiarlas.
“Entonces, el Jefe Político, que era Don Francisco Somarriba (abuelo del actual presidente de la Asamblea Nacional, ingeniero Jaime Cuadra Somarriba), quien además tenia muy buen humor, decidió terminar con el problema y mandó a publicar un “bando”, que consistía en un decreto leído en las esquinas por unos soldados que marchaban al compás del redoble de tambores para llamar la atención del público que se detenía a oír el bando”, refiere el historiador.
Según Kühl, el bando municipal decía así: “El Jefe Político de Matagalpa, en vista de las quejas de las señoras lavanderas, y siendo una inmoralidad que los varones se bañen delante de ellas como Dios los trajo al mundo, es decir, con sus colgantes adornitos expuestos, y a fin de terminar con el problema del baño indecente en las pozas del Río de Matagalpa, por este medio público decreta: que de ahora en adelante los varones se bañarán solamente de “La Culebra para arriba” y las mujeres de “El Mico para abajo”. Cúmplase, so pena de obras públicas forzadas. Dado en la Ciudad de Matagalpa el día 17 de noviembre de 1893”.
“Eso provocó las carcajadas del público oyente. Hasta esta fecha, se sigue recordando con risas el efectivo y chistoso bando que terminó con el problema de las pudorosas lavanderas. Efectiva medida del Policía Escolar” dice Kühl Aráuz, en su obra anecdótica “Matagalpa y sus gentes”.
Al historiador matagalpino no se le escapó ni su propio hermano, Klaus Kühl Aráuz, de quien dice en el mismo relato: “Por el año 1946, un grupo de cipotes acostumbraba escaparse durante las tardes, a horas de clase, e irse a bañar a la Poza de La Culebra. Una vez, el Policía Escolar (el mismo Chavarría), quien no había podido capturarlos porque ellos corrían más rápido que él, optó por algo más efectivo, es decir, los dejó que se metieran a la poza, y cuando todos estaban felices nadando, les recogió toda la ropa, zapatos, calzoncillos y todo, y se los llevó al cuartel para que los padres llegaran a reclamar tan preciada posesión”.
“Cuenta Klaus que cuando los chavalos salieron no encontraron su ropa, cada uno creía que el otro la había escondido y se reclamaban entre sí, hasta que se dieron cuenta de que todos estaban desnudos y ya el frío de la tarde empezaba a calarles los huesos. Bueno, no tuvieron más remedio que conseguir unas ramitas de árbol y taparse las cositas como taparrabos, esperaron que se hiciera un poco oscuro y optaron por regresar, escondiéndose de puerta en puerta, de patio en patio hasta llegar a sus casas”, expresa Kühl Aráuz en su publicación.
OTRAS GENIALIDADES
Además del célebre bando municipal emitido en 1893, por el entonces Jefe Político de Matagalpa, Don Francisco Somarriba, relatado por Kühl Aráuz, existen datos que revelan la existencia de otros bandos municipales con igual o mayor grado de picardía.
El doctor Sergio Zeledón Guzmán, abogado e historiador matagalpino, mostrando la copia de un artículo publicado en una revista que se editaba en los años 60, señala que “un alcalde (no se precisa su nombre), queriendo sentar las primeras bases de higiene, publicó el siguiente decreto:
Se ha notado que los chanchos (cerdos) vagan por todas partes, llenos de lodo, y que se ensucian sin ningún miramiento. Por consiguiente: el que tenga chancho que lo amarre, el que no que no. De lo contrario se está ordenando su exterminio”.
El mismo artículo expresa textualmente: “Era cajonero en aquellos tiempos, vivir en estado de guerra. El Jefe Político vivía enviando mensajes a los agentes de Policía así: “Sírvase citar a todos los hombres varones del sexo masculino, para que se presenten a la defensa de la patria”.
El (agente de Policía) de Muy Muy contestó así: “Le estoy enviando la tercera remesa de voluntarios, favor devolverme los mecates que en las ventas ya no hay”.