Marlon José Navarrete E.
En el nuevo Testamento en la primera carta a los Corintios de San Pablo capítulo 13, encontramos la descripción más exacta y directa del amor en el cristiano y cómo debemos practicarlo entre los seres humanos.
En resumen enseña que de nada sirve ser desprendido, generoso, valiente, heroico o virtuoso, si todo esto no va acompañado del amor. Sin amor de nada vale todo lo que hagamos, nuestra existencia pierde valor y es que el amor es tan trascendental que sin él no hay vida, sin él estamos vacíos somos muertos en vida. El amor está más allá de nosotros porque al igual que un manantial necesita una fuente que lo alimente como es la lluvia, así Dios alimenta el amor y es la fuente de donde proviene para que fluya por toda la tierra y no se quede estancado en el egoísmo, sino que abarque a todas las personas. Nuestra vida por eso abarca tantas otras, ya que el amor abraza a todos y a nadie rechaza.
Cierto es que hay sentimientos contrarios al amor, como es el odio, pero muchas veces confundimos las cosas. No es lo mismo odiar lo que una persona hace porque nos desagrada o nos lastima, a odiar a la persona en sí, por eso cometemos un gran error cuando caemos en esta confusión que deriva en la enemistad. Este error todos lo cometemos.
El amor está en nosotros para vivir plenamente y sólo nos pertenecerá cuando seamos capaces de entregarlo con la nobleza y la pureza, que sólo el verdadero amor tiene y que va más allá de nosotros, tanto en el tiempo y espacio. El amor es absoluto como su Creador, Dios es el amor supremo. Él dibuja el amor en las páginas de nuestra existencia. Cuando vemos una pareja acariciándose, un matrimonio, nuestros padres, familia y amigos.